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14 de Febrero



Sabías al abrazarme aquella noche antes de irte
que me sembrabas la angustia por volverte a ver
y luego de dos semanas sin saber cómo hablarte
con la peor de las excusas por fin me atreví a invitarte
en la noche más imprudente y romántica
desde la cual no pude dejar de pensarte
de quererte y de soñarte
de esperarte y de encontrarte


Hoy se me antoja imaginar que estamos juntos todavía
que nunca me pediste que te diera aquel espacio 
que nunca me dijiste que sería mejor separarnos 
que hasta anoche dormimos abrazados
y esta mañana como siempre lo haces
me besaste antes de terminar de despertarte


Hoy se me antoja imaginar que tu olor sigue en mi cama
que aún quiero llegar temprano a aquella casa
para abrazarte y sentir tu piel y tus ganas  
creer que seguimos viendo los mismos programas
y que no hay más silencios ni miedos en mi alma


Hoy se me antoja imaginar que nada nunca cambia
Hoy se me antoja creerme completo y en calma
Se me antoja porque te pienso
Se me antoja porque aún te quiero
Se me antoja que hoy sea ese 14 de Febrero.


Sabías al abrazarme esa mañana al despertar
que me aumentabas la angustia por volver a tenerte
y luego de seis semanas sin poder vivir sin verte
con la peor de las excusas nos mudarnos juntos
y en esa tarde tan impulsiva y romántica
en la que comencé a amar tus defectos 
y a necesitar tu risa y a extrañar tus manías
a sentirte y a adorarte
a esperarte y a encontrarte


Hoy se me antoja imaginar que estamos juntos todavía
que nunca me pediste que te diera aquel espacio 
que nunca me dijiste que sería mejor separarnos 
que hasta anoche dormimos abrazados
y esta mañana como siempre lo haces
me besaste antes de terminar de despertarte


Hoy se me antoja imaginar que tu calor sigue en mi cama
que aún quiero llegar temprano a nuestra casa
para escucharte y para mirarte
para besarte y que sientas mi piel y mis ganas  
creer que seguimos viendo los mismos programas
y que no hay más silencios ni miedos en mi alma.


Hoy se me antoja imaginar que nada nunca cambia
Hoy se me antoja creerme completo y en calma
Se me antoja porque te pienso
Se me antoja porque aún te quiero
Se me antoja aunque sé que no hay nada eterno 
Se me antoja que hoy sea ese 14 de Febrero.







Solo





Lo sabía, que te irías
lo sentía cada día
y si no estuve contigo
no fue el miedo, fui mentira

Hoy saturas mis recuerdos
hoy el mar es un lamento
que hasta el sol con su presencia
y la sal con su insistencia
ya me estorban, me molestan
pues sin ti nunca es lo mismo
nunca es siempre, y siempre sigo solo

Con tu olor que quema al viento
solo, con tu risa que me busca
y tu andar que se me esfuma
entre olas y entre bruma

Solo, porque no puedo creerlo
porque todo es tan ajeno
sin ti sólo sé estar solo

Hoy tu piel es mi tormento
nuestro espacio se hace eterno
y hasta la luna con su ausencia
y mis horas de inconsciencia
ya me estorban, me molestan
pues sin ti no soy yo mismo
no me entiendo, y es que sigo solo

Con tu cuerpo sólo en sueños
solo, con tu ausencia que me asusta
y tus ojos que no acarician
ni mi piel ni mi locura

Solo, porque no quiero creerlo
porque nada es lo que tengo
y sin ti yo no sé estar
sólo se que estoy solo

Con tu olor que quema al viento
solo, con tu risa que me busca
y tu andar que se me esfuma
entre olas y entre bruma

Solo, porque no puedo creerlo
porque todo es tan ajeno
sin ti sólo sé estar solo

Lo sabía, que te irías
lo sentía y fui mentira

La Sonrisa Eterna - 7


Debían apurar la sesión porque faltaba poco para que cayera la tarde y se acabara la iluminación natural, sin la cual el concepto de las fotografías que Ricardo quería para la página web de su negocio nuevo estaría realmente comprometido. El sabía que el efecto de sus sonrisas y de sus miradas de chico descaradamente tímido no le alcanzaría para extender aquel contrato con el fotógrafo publicitario más renombrado de la zona, y menos mantener el descuento que había negociado por tratarse de un “favor personal” de “sólo un día de trabajo”.

La búsqueda y preparación de la locación, la inexperiencia de Pietro estrenándose como modelo y el calor que derretía cualquier intención de seguir una pauta coherente, hacían su parte para dificultarle el proyecto a Ricardo, quien estando tan corto de dinero luego del pago del local, del mobiliario, los equipos, los permisos y más recientemente lo concerniente a su publicidad en internet; no podía darse el lujo de otro día de producción fotográfica. Las fotos de aquel cuerpo tan perfectamente sexual de Pietro debían estar listas en ese martes y punto.

El fotógrafo hizo su magia casi por inercia, tenía demasiada experiencia ya en trabajos similares, más con mujeres, exmisses en su mayoría, pero dominaba con especial maestría los detalles incómodos de los exteriores sensuales de playas, trajes de baño, arena, sudor y mayormente de los reflejos del sol y del incansable viento. Era perfecto para el trabajo, Ricardo lo conocía por la agencia de publicidad que trabajaba con el banco y sabía de sus fotos con las “mamis” perfectas de la cerveza, las curvas sugerentes de la rubia del bronceador y el abdomen plano de la ejecutiva del té de limón.

Por pura suerte Pietro resultó muy desenvuelto hacia el final de la sesión y Ricardo entendió que había sido una muy buena adquisición para su negocio, pues hasta a él, con lo afectado y anulado que se encontraba todavía, le llegó a afectar ver a su amigo exudando ganas, morbo, confianza y belleza en las poses cada vez más rebuscadas a las que le dirigía el fotógrafo. De hecho, desde esa tarde no lo volvió a ver igual que antes, le resultaba inevitable que le gustara su cuerpo, su actitud y hasta su olor, sabía que no estaba enamorado ni lo estaría de su amigo, sólo le gustaba, como le gustaría a muchos y muchas luego que esas fotografías se hicieran públicas.

Pietro era una mezcla difícil de entender, pues era bello en un sentido obvio pero sexy en una manera entre retorcida e inocente al mismo tiempo. Muy alto, blanco pero bronceado ya naturalmente, con cabello corto y negro brillante, con los ojos azules que no parecían ver sino sólo enamorar y con un tono muscular deseado por todas y a la vez por muchos (como sus amigos del gimnasio que disimulaban muy mal su interés al verlo). Pietro era un “hijo de italianos” que se daba el lujo de escoger con cual o cuales hacer lo que quisiera hacer y lo que le hacía sentirse más confiado era que todas accedían, a veces las más románticas se atrevían a hacer mucho de lo que nunca podrían confesar y, otras veces, las más desinhibidas y realmente atrevidas se encontraban enamoradas deseando que él las viera de la misma forma y sintiera ganas de ser sólo de ellas. Lo único en lo que todas coincidían era en su imposibilidad total para negársele.

Ricardo no había visto a Pietro en siete años, desde que eran vecinos en Caracas, cuando a sus padres les dio por divorciarse y Pietro tuvo que mudarse con su madre a Puerto La Cruz, en donde vivían desde su inmigración en los años sesenta sus abuelos maternos. Siempre mantuvieron contacto y cuando Ricardo le avisó que se mudaría a su ciudad, él le propuso que se mudara con él y compartieran de esta forma los gastos, lo cual era una excusa innecesaria porque Pietro era dueño de su propio apartamento en El Morro y tenía además camioneta, moto, y hasta lancha del año. Lo cierto es que Pietro no lograba sentirse del todo bien en el Puerto y extrañaba sus amistades de la infancia, especialmente al loco Ricardo, con quien se cansó de inventar tremenduras y mantuvo de adolescente una relación muy estrecha, como él mismo decía: “Ricky era mejor que el hermano que nunca tuvo”.

Ricardo había decidido que no iba a ocultar nada con respecto a su preferencia sexual, así que la misma tarde en que se encontró con su amigo, le habló claramente diciéndole que él se había ido de Caracas porque no soportaba tantos recuerdos de su novio muerto, con lo cual le quedó muy claro a Pietro que su pana no sólo era gay sino que necesitaba crearse una nueva vida, así que le abrió las puertas de su casa y le reafirmó su amistad, sin condiciones ni prejuicios, aunque aprovechaba cada oportunidad que tenía para meterse con él y jugarle todo tipo de bromas relacionadas con su condición sexual, que lejos de molestarle le resultaba muy divertida, hasta el punto de usarlo de “gaydar” presentándole a todo el que él sospechaba que ocultaba sus verdaderos gustos, para que se lo confirmara o desmintiera.

Fuera de lo complicado que resultaba seguirle la corriente a Pietro, con los cuentos que le inventaba a cada novia para salir precisamente con alguna de las otras, la convivencia entre ambos era muy fluida y natural, lo cual le permitió a Ricardo superar gradualmente todo su drama reciente, descubriéndose luego de un mes llorando sólo una vez al día y por cada vez menos rato.

Una noche durante una fiesta en el único local de moda de la ciudad, Ricardo le hablaba a su amigo sobre las opciones que manejaba para abrir un negocio y éste le propuso que abrieran una disco espectacular, con toda la música electrónica que a él le gustaba y con las luces que había visto en tantos locales de Europa. A la mañana siguiente, Ricardo le tomó la palabra y le propuso a Pietro abrir un local nocturno con las características que Pietro proponía, pero “de ambiente”, en donde pudieran encontrarse hombres y mujeres pero con otros hombres y otras mujeres, respectivamente, y que fuese referencia internacional para atraer los clientes más rentables del mercado. Generalmente sin hijos y con una alta necesidad de espacios donde expresarse y relacionarse con mayor libertad, los gays y las lesbianas representaban un mercado excelente y más aún si se consideraban los extranjeros, que hasta pagarían en dólares. Así que ese fue el negocio que crearon y para el lanzamiento y la publicidad, luego de hacer un casting muy amplio, Ricardo le propuso a Pietro que fuese él la imagen del local y como “El Italiano no le temía a nada” y por el contrario disfrutaba descaradamente de ser deseado, aceptó el reto de explotarse publicitariamente como objeto sexual, con la condición de que hubiese un día "hetero-friendly" en el que él mismo “pinchara” como DJ, que bien podía ser los miércoles.

El día de la inauguración de la discoteca coincidió con la primera visita de su hermana Rebeca, quien aprovechó sus vacaciones para escapar de toda la incomodidad que suponía el tratar de evitar a Diego casi todos los días por toda la Clínica, pues aunque hacía casi un año de que luego de leer aquella carta y de invitarla a cenar para solamente enredar aún más la situación, ella no sabía cómo debía comportarse frente a él ni qué debía sentir. Así que tomó sus vacaciones y decidió pasar los primeros días junto a su hermano, de quien solamente tenía referencias telefónicas semanales.

Ella llamó al celular de Ricardo y, en la locura de aquel día, fue Pietro quien le contestó y le dio la dirección de la discoteca, porque pensó que se trataba de alguna amiga de Ricky o alguna de las incontables “invitadas de honor”, como les llamaba Ricardo a las locutoras de radio, dueñas de hoteles y agentes de viajes a las que convenció para que asistieran a la apertura del nuevo local, pues sabía que para las mujeres sería más sencillo conocer ese nuevo mundo que para los hombres, al menos para aquellos que no eran abiertamente gays, porque el resto estaría, como en efecto lo estuvieron, haciendo en la cola para entrar, sin importar la longitud de ésta, que ya llegaba a la salida de aquel centro comercial de la Avenida 5 de Julio.

Rebeca estuvo allí y sin saber con qué se encontraría, hizo su cola para acceder a la discoteca, encontrándose con un inmenso pendón con la imagen de Pietro casi desnudo, lo cual le hizo sospechar que su hermano estaba viviendo algo que ella no sabía si podría comprender. Como fuera, sintió que si ese era el "compañero" de su hermano, al menos algo no era tan malo dentro de todo, porque a pesar de no ser totalmente boba respecto al sexo, el cuerpo, la mirada, la boca y la pose de su antiguo vecinito en aquella foto, le causaron una gran e inolvidable impresión: le habían despertado algo.

¿Qué te importa que te quiera?



Qué te importa que te quiera
qué te importa lo que sienta
crees que soy tan ingenuo
que me creo lo que sea
Porque aunque tanto lo quiera
y de quererte me enferme
nunca voy a creerme
lo que mi mente desea
aquello que tú no esperas
que te de por quererme
eso, que tan sólo me quieras

No hace falta que me digas
todo lo que estás sufriendo
yo te digo que te entiendo
no aparentes que no es cierto
Ni hacen falta las disculpas
si no soy yo por el que sientes
no lo niegues porque mientes

Si yo nada te he pedido
y aún así mi vida llenas
cada vez que de él escapas
porque siempre que has podido
no has vuelto tras sus ganas
y conmigo tú te engañas
secando tu amor en mi cama
cuando tu querer sin querer me regalas


Qué te importa que te quiera
qué te importa lo que sienta
crees que soy tan ingenuo
que me creo lo que sea
Porque aunque tanto lo quiera
y de quererte me enferme
nunca voy a creerme
lo que mi mente desea
aquello con lo que no cuentas
que empieces a quererme
eso, que tan sólo me quieras

No hace falta que me expliques
todo lo que estás sintiendo
yo te digo que te entiendo
no lo digas yo lo siento
No hace falta que me pienses
sé muy bien lo que no sientes
no lo niegues porque mientes

Si nada he esperado
y aún así mi vida llenas
cada vez que tú me encuentras
porque siempre yo he podido
y sin pedir te doy de mí
levantándote si te derramas
mojando mi amor con tus ganas
cuando tu querer sin querer me regalas


Qué te importa que te quiera
qué te importa lo que sienta
crees que soy tan ingenuo
que me creo lo que sea
Porque aunque tanto lo quiera
y de quererte me enferme
nunca voy a creerme
lo que mi mente desea
aquello que tú no esperas
que te de por quererme
eso, que tan sólo me quieras

Qué te importa que te quiera
mientras puedas y yo quiera
Qué te importa que te quiera

La Sonrisa Eterna - 6



Diego:

Te escribo esta carta aunque sé que nunca tendré el coraje para entregártela. Te escribo esta carta a pesar de saber que aunque la leyeras, podrías no entender lo que quiero decirte, porque no sientes nada de lo que yo siento, al menos no por mí.

Hoy cumplo dos años de conocerte, dos años completos de soñarte, dos años de imaginarme tantas cosas contigo. Sé que es exactamente ese tiempo, porque hoy celebro dos años de haber comenzado a trabajar en el Centro Médico, y nunca podré olvidar lo que sentí al verte salir del ascensor al final de la tarde, fue como si me hubiesen sonreído desde adentro y me hubieran hecho cosquillas en el corazón. Seguro te pareceré cursi, pero así me sentí al verte. Además, te recuerdo muy claramente ese día, quizás porque no has cambiado en nada, sigues siendo el mismo hombre grande, hermoso, sonriente y amable que me sostuvo el ascensor y me dio las “Buenas tardes”, no por simple cortesía, sino sintiéndolo, con esa mirada franca y directa que me ha hecho extrañarla desde ese mismo día.

Si en verdad leyeras esto, si por algún ataque de insensatez o de descaro me atreviese a dejarte esta carta en tu escritorio, o quizás en el parabrisas de tu carro, sólo quizás… a pesar de que pudieras pensar que yo estoy loca o aún peor que eso, que soy una loca cursi, o incluso aún más allá: que soy una loca cursi cobarde, aún así, sólo con imaginarme que sabrías lo que siento, sólo con eso yo me alegraría y tendría un poco de paz.

Tampoco es que no pueda concentrarme, que me la pase pensándote y no logre acertar ni en un diagnóstico ni en alguna dosis, que trate de tomar los turnos en las horas en que sé que tú también estarás de guardia, que me esconda en cualquier pasillo sólo para verte pasar, o que soborne a tu secretaria con postres para que me cuente cualquier detalle de tu vida privada. Obviamente no me pasa ni hago nada de eso, es algo más grave que cualquier actitud obsesiva propia de una verdadera loca cursi cobarde, porque lo que sí me pasa es que conscientemente pienso en ti y recuerdo nuestras pequeñas conversaciones. Porque lo que sí hago, es imaginar que me miras por al menos un segundo más de lo apropiado y me dices que hay algo en mi sonrisa que te hace querer besarme y que hay algo en mi mirada que te hace sentir como con ganas de seguir viéndome.

Claro que es mucho más grave que ser una loca histérica obsesionada con un tipo que ni sabe de su existencia, porque en mi caso tú sí sabes quién soy, me respetas y sé que piensas bien de mí. Lo que lo hace grave es que hoy soy una mujer enamorada, que te admira, te desea y te valora por quien eres, por lo que haces, por lo que dices, porque además de ser un hombre muy atractivo y varonil, eres impecable en tu conducta y nunca tienes palabras ofensivas con nadie, porque eres atento, inteligente y simpático, ¡Porque eres bello completo vale!

Entonces, enamorada, así como me estaría descubriendo ante ti, si leyeras todo este disparate romántico, desesperanzado y sin sentido que escribo ahora, aprovecharía para decirte que no deberías sentirte incómodo en adelante conmigo, porque lo que ciertamente ha sido un sentimiento muy intenso, ha sido algo exclusivamente privado, algo sólo mío, y lo más importante, algo que no trascenderá ni continuará a partir de hoy. Porque así como estoy consciente de que mi atracción hacia ti es un sentimiento unilateral, puro, bello, por demás romántico e ideal, también estoy muy clara en que no está resultando sano ni justo conmigo, pues me deja siempre en un sueño constante, en un imaginar constante y ¿Por qué negarlo? hasta en algunas lágrimas de frustración y desamor, a veces, como cuando alguna cita termina mal y no logro evitar compararte y creer que contigo cualquier noche hubiera resultado más que perfecta.

En este papel escribo lo que siento por ti y creo que mayormente porque siento una necesidad tremenda de dejar de sentirlo. Creo que debo darme una oportunidad real fuera de todo sueño hermoso y romántico a tu lado, porque al final sólo seguiría siendo eso: un sueño. No puedo negar tampoco que el detonante de que yo quisiera reaccionar y revelarme a este sentimiento solitario que me está haciendo sentir muda e invisible, es el hecho de saber que vas a casarte, precisamente hoy escuché a unas enfermeras comentar que te casarías y eso me ha dado unas ganas terribles de llorar, algo que sé que es absurdo pero que igual me afecta, que me duele y que me grita que debo dejar de esperar por algún hecho fortuito que te haga notarme, que te haga desearme, que te haga amarme…

Y dejo aquí de escribir esta carta infértil, porque quiero dejar de pensarte y continuar viviendo, no tanto desesperanzada por no tenerte nunca, sino porque prefiero empezar a ilusionarme con que también yo encontraré un amor, como te ha pasado a ti, porque al no ser una loca cursi cobarde, debo preferir las sonrisas a las lágrimas, porque sólo escribir esto me ha empeorado el nudo que llevo en la garganta y ha hecho más profundo el vacío de mi estómago.

Es por eso que dejo de escribir esta carta y me despido de ti, no porque haya recordado que por estar pendiente de la noticia de tu boda, haya recetado una dosis equivocada a una paciente recién operada, o porque haya recordado que hoy no he revisado a qué horas estarás de guardia para anotarme yo también en ese turno, ni porque me acabe de dar cuenta de que me viste sentada en esta esquina escribiendo y viendo hacia tu consultorio, y mucho menos porque se me esté derritiendo la torta de helado que le compré hoy a tu secretaria para hacer que me contara los infinitos defectos de tu futura esposa. Nada de eso, recuerda que no soy una loca cursi cobarde. Es por lo primero, porque quiero que este escrito sea precisamente la receta que me cure el corazón y me sane la tristeza que llevo en el alma, desde que comprendí que lo mío, de sueño romántico pasó a ser un sueño absurdo y que debo reponerme y dejar de amarte.

Un beso inmenso,

Rebeca

Esta carta fue encontrada por Diego el miércoles siguiente a su nefasta propuesta de matrimonio, mal desarrugada sobre su escritorio, claramente sembrada allí por algún alma divertida y bastante sádica, luego de conseguirla a su vez seguramente en algún cesto de basura de la Clínica. El la leyó varias veces y no pudo evitar sentirse un poco reflejado en aquel desamor explícito, pues él mismo se estaba sintiendo sin piso y, al igual que Rebeca, no encontraba forma de evadir su vergüenza y su tristeza.

La Sonrisa Eterna - 3


El monitor de la computadora estaba apagado, las carpetas y los papeles en cantidades increíbles sobre todo el escritorio y hasta encima de la impresora, las cajas con los uniformes de las promotoras y los materiales promocionales que habían llegado desde el martes casi no dejaban espacio para la silla. Aquel cubículo estaba hecho un desastre y así quedó por toda una semana, pues nadie podía organizar aquello. Juan Carlos acostumbraba tener su puesto de trabajo pulcro, sin embargo, los trámites con la clínica y la semana que tenía ya ausente por los exámenes hicieron su labor para convertir aquello en un lugar irreconocible.

El lunes en la tarde Ricardo estuvo en la funeraria, triste y mudo, el martes en la mañana en el cementerio, igual de callado, parecía un juguete al que le sacaron las baterías. No habló con nadie, no podía. Lloraba sin llorar, pero lloraba estruendosamente por dentro. Luego de todo aquello, se fue solo para su casa, le dijo a Anna que estaría bien y que volviera a su casa también.

El resto de la semana fue increíblemente rutinaria, en las mañanas salía temprano a trabajar, aunque no iba a la oficina, sino que esperaba a que abrieran el cementerio, se sentaba junto a la tumba aún sin lápida ni identificación y esperaba a que se acabara el día. En las noches, se tumbaba en su cama, medio hablaba por teléfono con Anna y terminaba dando vueltas pensando, durmiendo por minutos y despertando siempre para seguir pensando.

Los recuerdos fueron intermitentes pero muy intensos: cuando lo vio por primera vez en la universidad frente al auditorio precisamente el día de su graduación mientras él sólo llevaba aprobado el primer año de la carrera; cuando comenzó a trabajar en el Banco y los presentaron en la ronda puesto por puesto que le hizo la Gerente de Recursos Humanos por todos los pisos; y cuando a los dos meses de trabajar juntos, en la noche de un viernes en plena celebración del cumpleaños de Rosa María, la Directora de la Agencia de Publicidad que los atendía y que él pensaba que tenía una historia andando con Juan Carlos, éste sin advertencia alguna se le acercó y le invitó a irse juntos a otra fiesta cerca en un pent-house en La Castellana, donde contra todo pronóstico Juan Carlos le dedicó toda su atención y, quizás producto de la desinhibición alcohólica le sonrió sosteniéndole la mirada y retando a la suya, hasta lograr incomodarlo y emocionarlo a tal punto que sintió su cara y sus orejas explotar de calor y vergüenza antes de escuchar las palabras que definirían su vida desde aquel momento: “¿Y entonces Pana, será que si te beso no me entras a patadas? porque ya no aguanto las ganas Catirito”.

Recordaba cómo aquella noche no pasó nada entre ellos, después de decir eso Juan Carlos no le volvió a insinuar nada más aunque le seguía invadiendo con las miradas y acercándose más de lo permitido. Ricardo siempre había dormido bien y hasta en exceso, pero esa noche no pudo dormir, no estaba seguro si aquello era algún tipo de broma y le parecía imposible todo, que ese chamo tan straight fuese gay, que a ese chamo estando tan bueno le gustara precisamente él, todo le era insólito, demasiado diferente y demasiado intrigante a la vez. Llegó a dudar si lo había escuchado realmente, pero como casi no bebía no podía culpar al alcohol de escenas imaginarias. Lo que no entendía era lo que Juan Carlos intentaba o quería, porque él sí estaba seguro de lo que sentía, desde siempre había estado deslumbrado por su presencia, su voz profunda, su estilo totalmente masculino, sus ojos verdes aceituna, su cabello negro muy liso y corto, sus brazos grandes y su sonrisa de macho sexy, él estaba muy claro en lo tanto que le gustaba Juan Carlos, tanto así que ya había imaginado el Kamasutra completo con él. Lo que no entendía era aquel sentimiento que ahora le angustiaba el estómago y le sacaba sonrisas gratuitas en la oscuridad de su habitación. Sentirlo tan próximo, tan cómplice y tan interesado lo desconcertaba. Hablaron mucho esa noche y lo descubrió aún más interesante y humano, ya no era sólo el papi ricote de su oficina, ahora era el papi ricote de su oficina que quería tener algo con él.

El lunes siguiente en la oficina todo fue tan extremadamente normal que pasó de sentirse ansioso a decepcionado, hasta que después del almuerzo Juan Carlos lo llamó por teléfono pidiéndole encontrase en la sala de reuniones para discutir los detalles de una promoción de tarjetas de crédito que quería implementar para finales de año. Una vez solos, Juan Carlos le habló lo más directo que pudo: – Sobre lo que pasó la otra noche, Ricardo, tenemos que resolver este peo porque no me he podido concentrar en toda la mañana. Necesito que me aclares una vaina y dependiendo de tu respuesta que me aclares otra más: ¿Tú eres gay? – A lo que Ricardo respondió casi entre dientes, demasiado intimidado y nervioso – Pues sí, lo soy. – Entonces Juan Carlos, sin cambiar la expresión seria, le replicó: – Bueno Catirito, dime cómo vamos a hacer porque tú me gustas demasiado. – Ricardo entonces le contestó en seco y sin mostrar lo emocionado ni nervioso que estaba y principalmente sin sonrojarse: – Pues no se pana, chévere que sientas eso pero tendrás que invitarme a algún sitio mejor que este para averiguar qué siento yo… yo puedo esta noche así que me avisas donde nos vemos… –

Por más de año y medio estuvieron inseparables desde aquel lunes en la noche, no hubo beso que no se dieran ni posición sexual que no experimentaran y nunca faltó la llamada de buenas noches en el celular de Ricardo antes de dormir (cuando no pasaban la noche juntos), así como la llamada de buenos días, que Juan Carlos religiosamente hacía, para recordarle a su “Catirito” lo tanto que lo extrañó durante la noche y cuanto lo deseaba en ese momento en su cama, incluso frecuentemente le pedía que se masturbaran mientras hablaban o le amenazaba con hacerle una “encerrona” en el baño de la oficina al llegar al trabajo.

En la noche del domingo siguiente a la muerte de Juan Carlos, en su nueva etapa de insomnio, releía desde su cama todos los mensajes de texto que tenía en su celular y escuchaba los mensajes de voz en su contestadora. A las tres de la madrugada decidió guardarlos y lo transfirió todo a su laptop, los sms como archivos de texto y las grabaciones como formato de audio en una carpeta entre los documentos llamada JC. Luego se levantó y salió a la calle sin que sus padres lo notaran, caminó por toda su urbanización hasta la salida hacia la avenida principal y de allí hasta la autopista. Casi no se veía carros y los que pasaban lo hacían a velocidad excesiva. Allí, sentado en el borde de la autopista del este, volvió a llorar y lo hizo aún más fuerte que la mañana del lunes con su amiga. Le habló a su novio porque sabía que podía escucharlo, se despidió, le dijo todo lo que en ese momento sentía, no era coherente pero su tristeza sí lo era, entonces apagó el teléfono y esperó. Luego de unos minutos vio acercarse un camión lo suficientemente grande, por las luces era justo lo que esperaba y cuando lo vio bastante cerca calculó el momento preciso para arrojarle el celular, que luego del estruendo de aquellos inmensos cauchos, no volvió a ver.

Ricardo volvió el lunes a la oficina, llegó a las seis de la mañana y organizó todo en su puesto y en el escritorio de Juan Carlos, luego de cargar en un servidor externo las carpetas personales de ambos, con incontables fotos, presentaciones y trabajos de la universidad, redactó su renuncia y la dejó sobre el escritorio de su jefe. No esperó por nadie ni se despidió de nadie. Volvió a su casa, montó dos maletas en su camioneta, el bolso de la laptop, se puso la gorra de los Yankees de Nueva York, que su novio le había prestado dos semanas atrás cuando volvían de un concierto en el estadium universitario, y se fue de Caracas.

La Sonrisa Eterna - 1


No eran aún ni las ocho de la mañana cuando Ricardo interrumpió su rutina de comienzo de día (baño, ropa, cabello, perfume y comida antes de ir a su trabajo en el Banco Continental) para contestar el teléfono de su casa.

Que fuera su hermana quien estuviera llamando no le pareció demasiado extraño, pues solía hacerlo los días que no dormía en la casa debido a sus acostumbradas guardias en el Centro Médico del Norte de la ciudad. Lo que sí le llamó la atención fue que ella apenas después de saludar lo inquiriera sin siquiera escuchar su respuesta diciéndole: – Menos mal que no te habías ido al trabajo, porque quería hablar contigo. –

Él no intuyó nada. No podía remotamente imaginar que su hermana le estaría llamando a él para decirle algo a esa hora de un lunes y aún menos si consideraba que apenas se cruzaban palabra cuando coincidían en la casa. Todo resultó ser raro, sorpresivo y definitivo en aquella llamada telefónica:

Rebeca: - ¡Aló!

Ricardo: - ¡Aló!

Rebeca: - ¿Ricardo? Hola, es Rebe.

Ricardo: - Hey ¿Qué más? ¿?

Rebeca: - Menos mal que no te habías ido al trabajo, porque quería hablar contigo

Ricardo: - Ajá, dime…

Rebeca: - Es que no sé si ya te enteraste que tu amigo Juan Carlos se murió esta madrugada.

Ricardo: - ¿Qué es eso? Si le iban a hacer una punción para una biopsia de un tumor o algo que tiene en el hígado, no lo iban a operar ni nada. ¿Cómo que se murió?

Rebeca: - Claro, le hicieron la punción ayer en la tarde pero como no tenía casi defensas por el SIDA, se complicó en la madrugada y se murió.

Ricardo: - ¿Cómo que SIDA? ¿Lo que tenía no era un problema en el hígado?

Rebeca: - Sí, tenía un tumor, quizás por su condición de inmunodeficiencia, pero lo grave era que el conteo de linfocitos era casi nulo, no tenía nada de defensas…

Ricardo: - ¡No puede ser! ¿Y su mamá? ¿Has hablado con ella?

Rebeca: - Esta mañana no, pero en la madrugada sí, porque como yo estaba de guardia fue a mí a quien llamaron cuando Juan Carlos se sintió mal.

Ricardo: - No sabía nada de eso…

Rebeca: - Bueno, por eso te llamaba, para que supieras… Como era tu amigo y vi a la mamá allí solita en ese momento, quise decírtelo para que la llamaras o pasaras por la funeraria o como sea que vayan a resolver…

Ricardo: - ¿Qué te parece? No puedo creerlo.

Rebeca: - Sí, que chimbo vale… bueno, te dejo porque tengo que hacer las rondas de la mañana y tengo varios pacientes de post-operatorio y una vieja que me tiene podrida con su quejadera, y eso que apenas le operaron unas várices y hace ya cuatro días…

Ricardo: - Ok… Chao y gracias por llamar Rebe…

Rebeca: - Chao Ricky

Allí estaba Ricardo, en el balcón de su casa, de pie aún con el teléfono en la mano y con los ojos a punto de derramárseles. Por un momento dudó de que aquello hubiera pasado. No podía creer que acabara de recibir una llamada de su propia hermana para decirle que su novio había muerto.

Así que su amigo Juan Carlos era realmente su novio Juan Carlos y nadie en su entorno sabía nada de eso. Fue un golpe muy fuerte para un joven bastante inocente de apenas 22 años. ¿Cómo debía reaccionar ante aquella noticia? Se sintió tan desubicado, sin piso, no sabía qué hacer. Quería hablar y no sabía qué podía decir. No era abiertamente gay y eso siempre le impedía demostrar sus sentimientos. Apenas comenzaba a sentir esa soledad y angustia de perder a alguien que amaba y ya estaba pensando en cómo iba a hacer para que no se le notara que su alma se le quebraba por dentro de su pecho y que le robaba el habla, el hambre y todas las ganas de siquiera caminar.
 
Sólo pudo llamar a su amiga Anna, ella era la única a quien le había confesado su secreto y la única que conocía a su novio, al menos como su novio, porque para el resto, ellos sólo eran amigos, de esos buenos amigos que se la pasan juntos y que uno imagina robándole el corazón a incontables muchachas en discotecas y bares. Y es que realmente no parecían gays. No tenían aquellos modismos que obligatoriamente debían tener todos los homosexuales y por lo tanto estos dos muchachos debían ser hombres, muy hombres.

Además, eran tipos hermosos, Juan Carlos tenía 26 años de edad y similar cantidad de enamoradas en el Banco. Su compañero de trabajo y mejor amigo, Ricardo, era un poco menor pero era más alto que su amigo, así que lucían bastante contemporáneos y era apenas normal que fuesen panas y se les viera juntos en todas partes.

Sin embargo, Ricardo y Juan Carlos se querían más de lo que podían llegar a quererse muchas parejas heterosexuales en aquel grupo de jóvenes pichones de gerentes de mercadeo de ese gran banco trasnacional. Tenían una relación muy armónica, apenas habían discutido por celos tontos en un par de oportunidades y siempre terminaban riendo y besándose, como si no hubiese nada mejor en todo el mundo que sentir el calor y el cariño del otro.

Sentado ahora en el mismo balcón, mientras esperaba que llegase su amiga Anna para derrumbarse y llorar como nunca lo había hecho antes, Ricardo pensó en el primer momento en que Juan Carlos le sonrió con aquella cara increíble de modelo de publicidad pero con la picardía y complicidad de la sonrisa que grita: ME ENCANTAS CHAMITO. Y allí se quedó, sin pensar, porque no podía, con los ojos cerrados, sólo sintiendo una y otra vez cada sonrisa que le regaló su primer gran amor durante los diecinueve meses que estuvieron juntos.

¿Para qué vuelves?



¿Cómo fue que dijiste el jueves aquel?
¿Cómo fue que planeaste que todo iba a ser?
Si acaso tu mente se ha cubierto de olvido
y ya no recuerdas lo que habías decidido
pues aquí sigo yo...
y tampoco me acuerdo

¿Cómo fue que pensaste en nunca perder?
¿Cómo fue que creíste que yo no iba a poder?
Si acaso tu cuerpo ha extrañado al mío
y ya no tiemblas como hacías conmigo
pues aquí me ves, sintiendo contigo
que ya no me importa...
lo que hayamos vivido

¿Para qué vuelves a buscar mi sonrisa?
¿Para qué vuelves si hoy ya no hay risa?
Mejor resultó tu olvido en su tiempo
mejor que mostraste lo que eras por dentro

¿Para qué vuelves queriendo besarme?
¿Para qué vuelves si hoy no quiero tocarte?
Peor habría sido seguir en tu engaño...
peor sí sería el volver a tu lado

¿Cómo fue que dijiste aquella tarde en el parque?
¿Que debía comprender, que debía liberarte?
Si ahora eres libre ¿Por qué arrepentirte?
yo nunca he esperado volver al pasado
y aunque yo sigo aquí...
no es esperando por ti

¿Cómo fue que pensaste que yo iba a querer?
que si tu quieres me tienes ¿Cómo puedes creer?
Si es verdad que te amaba y por ti yo vivía
más verdad es que ahora al verte no hay nada
así que ya ves no busques conmigo
que a mí no me importa ni que seamos amigos

¿Para qué vuelves a buscar mi sonrisa?
¿Para qué vuelves si hoy ya no hay risa?
Mejor resultó tu olvido en su tiempo
mejor que mostraste lo que eras por dentro
¿Para qué vuelves queriendo besarme?
¿Para qué vuelves si hoy no quiero tocarte?
Peor habría sido seguir en tu engaño...
peor sí sería el volver a tu lado

Y no te confundas, no siento rencor
Es en serio y lo siento, pero así hablo yo
y como veo que no te dijeron
ya tengo otro amor
que es mucho más que un temblor...

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