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Si me dejas




Como cualquier otra ama de casa de su urbanización, mientras disfrutaba de la cola diaria para pagar en el supermercado, ella no pudo evitar escuchar lo que hablaban dos señoras delante de ella. En efecto, en esta oportunidad no tuvo que recurrir a las poses falsas que acostumbraba para acercar sus oídos a las conversaciones ajenas, sino que las risas y el descaro de aquellas mujeres hacían todo el trabajo por ella. Total que destruían al yerno de una de ellas, de la que parecía tener el cabello coloreado con Merthiolate, porque aunque era rojo, aquello no parecía fruto de ningún tinte, Gabriela no podía dejar de verle el cabello y pensar que eso se lo había hecho ella misma, porque se negaba a creer que esa señora hubiera pagado en una peluquería porque la hicieran parecer payasa de circo barato.
Ese cabello y esa conversación la cautivaban tanto seguramente porque por aquella época sus días transcurrían sin grandes asombros, entre ser chofer de sus hijas temprano para llevarlas al colegio, lo mismo que para buscarlas al mediodía y luego llevarlas a las clases de flamenco, gimnasia o a las reuniones de los Scouts, dependiendo de si era lunes, miércoles o jueves, así como dedicarse a limpiar hasta lo que no estaba sucio en cada rincón de su casa, y por supuesto, cocinar tres o cuatro veces al día. Así, sus amigas eran aquellas infaltables presentadoras de los talk shows latinos de las mañanas, y sus fantasías se limitaban a las intrigas e ilusiones de las protagonistas de las novelas de las tardes. Aquella vuelta por el supermercado era su único entretenimiento vivencial, el único sitio en donde interactuaba con gente, al menos con personas que no le pedían que se apurara manejando o que no le reclamaban por no cocinarle su comida favorita. Para esa gente Gabriela era exitosa.
Quien la veía bajarse de aquella camioneta del año para hacer escala al final de la tarde por el supermercado, trajeada, peinada y maquillada como ejecutiva de agencia de publicidad, pensaría que se trataba de una profesional guerrera, de esas que aún pudiendo delegar en algún personal de servicio aquellas tareas hogareñas, fabricaba el tiempo para encargarse personalmente de realizar ciertas compras de lo que hiciese falta en su cocina, imaginando incluso que algún día de la semana hasta se las ingeniara para administrar su tiempo y ser ella misma quien preparara el almuerzo de su familia, como una muestra del amor sacrificado de madre, de las que incluso adoptan a sus maridos como otro hijo más, alguien a quien consentir y cuidar incondicionalmente. Pero quien pensara eso sólo viéndola, estaría acertando únicamente en que Gabriela era una profesional, porque contrario a lo que aparentaba, ella se las ingeniaba era para llenar sus horas ociosas cada día, para lo cual la visita al supermercado se le había convertido en una opción muy entretenida en aquellos días.
Siempre trataba de mantener su mente ocupada, en lo que fuera, todo con tal de no dejar oportunidad a su conciencia de estrujarle en los ojos la soledad y frustración que le había dejado aquella serie de decisiones que la llevaron a mutilarse profesionalmente, transformándola de Ingeniera Electricista en una ama de casa por debajo del promedio. Por debajo, porque ella suponía que el promedio se encontraba si no contenta, al menos cómoda con su ocupación. No se permitía pensar en eso, y tampoco dejaba espacio para reparar en que paralelamente a aquel cambio de oficio, todo en ella había experimentado un desvanecimiento progresivamente regresivo. Así paradójico y todo, su vida avanzaba hacia el retroceso de las conquistas más elementales de la mujer moderna.
Había pasado de ser una joven emprendedora y brillante, primera en su clase y con amplias oportunidades laborales, a ni siquiera ser experta cocinera, porque ni siquiera su esfuerzo y dedicación le reportaban aunque sea una palabra o un gesto amable o agradecido de sus clientes internos actuales: su familia. Para su esposo ella era una completa inútil y para sus hijas ni siquiera existía. De haber sido un espléndido y consentidor novio, catorce años después pasó a ser un total inconforme y crítico esposo, espléndido ahora sólo en menosprecios y comparaciones vejatorias hacia ella y todo lo que hacía. Seguramente aquella ausencia de amor propio era lo que hacía que sus hijas la consideraran como menos que una esclava. Siendo esa realidad tan pesada y asfixiante, Gabriela no podía hacer otra cosa que distraer su mente y tratar de salir victoriosa aunque sea en esa batalla, contra su propia mente.
Lo que había escuchado aquella tarde, de boca de esa mujer con cabello tan alarmante como su propia lengua, la había dejado pensativa. ¿Sería verdad que esa mujer de más de sesenta años, en un descuido de su yerno, le habría abierto el celular para sacar la mini tarjeta de memoria externa y revisar desde su propio celular las fotos que él tenía guardadas allí? ¿Habría sido capaz de todo aquello para demostrarle a su hija que su esposo no sólo le era infiel sino que se tomaba fotos y hasta videos con sus amantes? Eso no sólo era algo totalmente rebuscado, sino que le hacía click en su cabeza, alineándose perfectamente con sus sospechas hacia su propio marido.
Alfredo estaba muy misterioso con su teléfono, aún careciendo de toda necesidad para ello, pues su esposa no sólo era incapaz de invadir su privacidad, sino que hasta le tenía miedo. A esas actitudes cada vez más extrañas de su esposo con su teléfono, se le sumaban las llegadas tardes carentes de explicaciones y más recientemente los rumores entre su propia familia de las indiscreciones públicas con varias clientas y hasta compañeras de trabajo. Por esto, cuando Gabriela escuchó aquella argucia investigativa de esa suegra de cabeza incendiaria, sintió que no se trataba de una casualidad aislada, que aquello bien podría ser un hecho del propio universo conspirando para lograr su liberación, como había escuchado tanto a Gabriel en su programa matutino de lectura del tarot y astrología.
Así fue como decidió que esa noche, mientras su esposo estuviera atormentándola con su concierto de ronquidos, ella irrumpiría entre sus cosas y trataría de extraer alguna imagen o video comprometedor de la memoria de su celular. Sabía que le aterraba todo lo referente a esa locura de cuaima celosa, pero también sabía que no se detendría, ni por el miedo a ser descubierta, ni por el miedo a lo que fuese a descubrir.
Pero ya cuando se disponía a abrir el celular y retirar la batería para llegar hasta la memoria extraíble, dejó de escuchar los estruendosos ronquidos de Alfredo, lo cual la terminó de quebrar, pensó que se había despertado y que la encontraría revisando entre sus cosas, así que dejó todo tal y como lo había encontrado y volvió a la cama sin hacer ruido, para descubrir que su esposo nunca se había despertado, sólo había cambiado de posición, dejando la habitación en un silencio aún más desesperante, que la acompañó en aquella larga noche donde sólo le quedó pensar y llorar, en el mismo silencio de la respiración del marido, pero a diferencia de su descanso, lo de ella era sólo angustia, tormento y rabia.
Al despertar, Alfredo no la consiguió en el cuarto, pero eso no le causó ninguna extrañeza pues casi nunca reparaba en si ella estaba o no cerca. Sin embargo al salir de bañarse, la encontró sentada serenamente en el borde de la cama, desde donde con una inesperada actitud retadora y directa, Gabriela comenzó a hablarle sin dejar que él la interrumpiera, como acostumbraba a hacerlo:
- Buen día Alfredo. Esperaba que salieras del baño porque necesito que me escuches. Estoy harta de sentirme, mejor dicho, estoy harta de no sentirme, de estar a tu lado deseando que no estés cerca, de que me minimices constantemente y me trates, no, que me maltrates como lo haces. No soportaré ni un insulto más de ti. No toleraré que sigas humillándome, ni en privado ni en público. Estoy cansada ya de ser un objeto inútil en esta casa y que me hagas sentir como un juguete viejo que nadie quiere. No puedo soportar más que me neutralices como persona, como mujer, que yo no tenga voz, que mi opinión no cuente y que mis sentimientos sean menos que mierda para ti. Yo soy una mujer profesional, inteligente, y sensible, y no soportaré que sigas mandando sobre mí. Así que, si me dejas, si me lo permites, yo me quiero divorciar de ti. – 

Despertar (Daniela II)




Apenas amaneció y ya sentía retumbar en su cabeza cada ruido de los carros en la calle. No podía abrir los ojos y también sentía dolores en el resto del cuerpo, como cuando a los 19 años volvió a casa después de un fin de semana de rafting en Barinas con el primer novio que le había presentado a su padre, el más loco de todos y que siempre la arrastraba a esos retos imposibles para su metro sesenta de flojera y debilidad extremas. Pensó que aquel dolor era por la mala postura de la noche, porque no había despertado en la cama sino en el suelo de la sala. Tardó unos minutos en incorporarse pero aún no podía abrir del todo sus ojos, pensó que algo le había causado una alergia o que hasta tenía una conjuntivitis porque sentía un pegoste tieso en los párpados, así que entró directo a la ducha para lavarse la cara y masajear su adolorido cuerpo con el agua caliente.

Una vez aclarado el rostro bajo los múltiples e intensos chorros de agua, pudo abrir los ojos y al ver sus manos rojas no logró evitar el grito que le hizo doler aún más la cabeza. Estaba demasiado nerviosa, mientras descubría que casi todo su cuerpo estaba cubierto de sangre seca, sentía un asco que nunca había experimentado y un miedo que le erizaba toda la piel, y a pesar de que el agua era suficientemente caliente para no ser tolerada por el común de los humanos, Daniela sentía que unos latigazos fríos le recorrieron la espalda y las piernas. Se frotó con la esponja y la sangre le destiló incluso del cabello, donde terminó formando una espuma rosada con el champú.

Estaba aterrada, pensó que se había caído y roto la cabeza con algo, que por eso había despertado en el suelo, pero por más que se revisaba no encontró indicios de heridas. Se terminó de bañar desesperada y salió de la ducha sin secarse para revisar su cuerpo frente al espejo, pero sólo consiguió unos moretones en la parte interna de los brazos y sobre la rodilla izquierda, de resto estaba intacta, adolorida y asustada pero sin cortadas ni golpes de importancia, porque sabía que debido a su fragilidad capilar, era común que se encontrara moretones en los brazos y las piernas, más aún considerando que había dormido en el suelo. Se revisó la nariz, se tocó en todas partes, en todas, pero estaba normal. Allí su dolor de cabeza se intensificó a tal punto que temió desmayarse, sentía que el rostro se le dormía, tomó la toalla y se envolvió en ella antes de sentarse en el suelo para terminar acostada, hundida en un llanto ahogado producto del dolor y el miedo que la invadieron sin explicación.

Pensó en su madre, quiso que estuviera con ella, la extrañó tanto que olvidó que prácticamente no la había conocido porque había muerto cuando ella sólo tenía cuatro años. Fue entonces que entendió que aquella sangre no pudo haber sido suya, que había amanecido llena de la sangre seca de alguien más. Quiso recordar lo que había hecho la noche anterior pero no consiguió ningún recuerdo, ni de aquella noche ni de ninguna en específico, su temor fue mayor al encontrarse tan desorientada que sabiendo dónde estaba y quién era, no tenía ninguna idea de qué le había pasado. Se dio cuenta también de que tampoco sabía qué día era. Todo esto fue demasiado para ella, por lo que terminó desmayándose aún mojada y en posición fetal sobre el piso del baño.

Cuando volvió en sí, Daniela ya no sentía el dolor de cabeza, sólo un vestigio raro de la jaqueca previa, una molestia que le parecía insignificante en comparación a los dolores musculares. Sentía como si hubiera corrido un maratón, no había movimiento que no le causara dolor. Recordó que había despertado sucia de sangre ajena y trató de mantenerse calmada, quiso pensar y tampoco esta vez lograba recordar nada reciente. Miró a su alrededor buscando pistas que le indicaran qué había ocurrido y sólo encontró junto a ella, una blusa y un pantalón manchados de sangre. “Quien haya sido, seguro se  desangró encima de mí”, pensó mientras se incorporaba para caminar hacia la cocina tratando de dominar los dolores a cada paso. Una vez frente a la nevera pudo ver la hora en el microondas, pasaba de las cinco de la tarde, había quedado inconsciente casi todo el día. Se comió los restos de un sándwich que había en la nevera y se tomó un vaso de leche. Tenía mucha hambre pero también sentía náuseas, así que trató de comerse todo lo más rápido posible para poder recostarse en el sillón de la sala, porque entre los dolores y el mareo, temía caerse de nuevo.

Entendía que tenía un problema de memoria, suponía que de la memoria reciente, aunque no podía estar segura de cuánto tiempo tenía en ese estado. Cada intento por recordar algo la angustiaba más y la imagen de aquella sangre la desesperaba. Decidió llamar a su única prima, que además era psiquiatra y podía ayudarla, pero no recordaba su teléfono. Llamó al número de información y luego de preguntar por la fecha y asustarse aún más al escuchar la respuesta, tomó nota del número de teléfono de la casa de Alejandra Saglimbeni, a quien llamó inmediatamente para pedirle ayuda.

- Aló…

- ¡Aló! ¿Alejandra?

- ¿Daniela? ¿Eres tú?

- Sí prima, ven a la casa por favor… no estoy bien…

- Claro prima… ¿Pero Dónde estás? No sé dónde vives, no sé nada de ti desde que murió mamá, hace seis años que andas desaparecida de nosotros…

- No sé Ale, vente, ayúdame por favor, no sé nada… vente a la casa…

- ¡Ok! ¿Pero adónde Dani?

- ¡Al apartamento de mi abuela!

- ¿Estás viviendo en el apartamento de La Florida? ¿Eso no lo vendieron?

- Sí, no sé, aquí vivo… vente rápido, me duele todo el cuerpo y perdí el conocimiento temprano por un dolor de cabeza muy fuerte con el que desperté… ¡Ayúdame que estoy desorientadísima y tengo mucho miedo!

- ¡Tranquilízate, seguro es por la impresión, acuéstate que salgo ya mismo para allá! ¡No llores que todo estará bien prima! ¡Te quiero!

- Igual yo, gracias y apúrate…

Aún con aquella angustia y sus dolores, Daniela no pudo evitar arreglar un poco el apartamento, odiaba el sucio y no podía dejar que su prima la viera tan mal, debía ordenar un poco los cojines del mueble y, por supuesto, meter en la lavadora la ropa ensangrentada, que tanto la asqueaba y asustaba, con el ciclo más intenso y con todos los detergentes y quitamanchas con que contaba en su despensa. Cuando sonó el intercomunicador, no sólo la ropa estaba por terminar de lavarse, sino que ya se le había calmado un poco el dolor del cuerpo, consecuencia obvia de la casi sobredosis de calmantes y relajantes musculares que se había tomado, así que contestó más repuesta pero igual de nerviosa por dentro.

- ¿Sí?

- ¡Abre Dani, soy yo!

- Ok, sube…

La espera frente al ascensor se le hizo eterna, pensaba en qué podía decirle a su prima, temía estar volviéndose loca. ¿De quién había sido esa sangre? Ella era licenciada en administración, no bioanalista, de hecho, no había visto tanta sangre, al menos no desde el accidente en bicicleta en el que atropelló a su mejor amiga y la derribó hacia una cerca de alambres de púas que bordeaba el parque de su urbanización. ¿Será que esta vez también había auxiliado a alguien herido y por eso se había empapado de sangre? ¿O será que esta vez también había herido a alguien y por eso se había empapado de sangre? Decidió que hasta no recordar lo que había pasado, no mencionaría aquel detalle de haber despertado ensangrentada. Total, con lo loca que estaba, eso bien podría estar relacionado con algún ritual espiritista o hasta satánico y, en el mejor de los casos pero posiblemente el más asqueroso de todos, aquella sangre podría ser de algún animal, como una gallina o un perro. Como fuera, se concentraría en el otro problema, en el de “ser una rolo de loca desmemoriada”.

- Hola Dani, déjame abrazarte prima bella… ¿Cómo te sientes?

- Hola Ale, no sé, vente que no puedo estar mucho tiempo de pie porque tengo unos mareos de loca preñada y no quiero caerme al piso de nuevo… Esto ha sido muy fuerte y no sé qué hacer…

- ¿Que estás embarazada? 


- No chixca, es un decir... ando mala...


- Ok, pero ¿Te caiste? ¿Te golpeaste?

- Sí, no sé, supongo… lo cierto es que desperté con un dolor de cabeza terrible, no soportaba los ruidos ni la luz… me bañé y tuve que acostarme en el piso porque temía que me explotara la cabeza… estoy loca prima, imagínate que no sabía ni qué día era hoy y aún no recuerdo nada de nada, no sé nada reciente…

- Tranquila prima es normal, ven y acuéstate…

- ¡Coño! ¿Cómo que normal? Estoy loca y desmemoriada… eso no es nada normal, lo que me está pasando es una súper cagada vale…

- Tranquila… dime qué es lo último que recuerdas haber hecho o haber visto…

- No sé Ale, estoy en blanco, ni siquiera te recordaba catira, sé que mi tía murió de lo del cáncer, pero no recuerdo el funeral… y esto de hoy me tiene mal…

- Ok, relájate y piensa con calma a ver  qué recuerdas, qué hiciste o qué viste… mi pelo es así desde diciembre que me volví una loca Shakira y hasta me puse estas extensiones… y del funeral de mamá, no lo puedes recordar porque no hubo, ella quería que la cremaran sin shows mediáticos ni lloraderas… vainas de mami, así que tranquila, ¿No ves que todas estamos algo locas en esta familia? Hazme caso, relájate y trata de pensar con calma y cuando puedas hablamos... Tómate esto y descansa un poco que yo no me muevo de aquí.

Daniela durmió profundamente, como si efectivamente hubiera corrido en aquel maratón en el que nunca participó, mientras que Alejandra la cuidaba, entre preocupada y triste por ver a su única prima en aquella situación. Cuando despertó estaba más tranquila aunque sólo recordaba detalles corrientes, como haber comido en tal o cual sitio o haber visto tal o cual película. No había en su mente nada relevante ni definitivo, así que su prima decidió hablarle para ayudar a aclarar los hechos y apoyarla en ese trance de recuperar sus recuerdos, al menos más recientes.

- Daniela, no te angusties, tu memoria se irá componiendo gradualmente… es común en casos como el tuyo que la mente trate de protegerte y te esconda detalles que te resulten dolorosos o muy duros de asimilar, pero eso debe ser algo temporal…

- ¡Pero me da miedo esta vaina marica! No puede ser que yo ande en el aire y perdida como una loca más… ¡Hoy amanecí triple loca y eso no puede ser!

- No te preocupes, que no estás loca y esto se te pasará… seguramente que por estar tan alejada de la familia, sientes, además del dolor natural de la pérdida, alguna culpa o resentimiento hacia ti misma por lo que pasó…

- ¿Qué pérdida? ¿De qué hablas?

- De lo de mi tío… lo de tu papá… seguro viste la noticia temprano y eso te dejó trastornada… y no es para menos…

- ¿Qué paso con mi papá?

- Ok, Daniela, escúchame con calma y trata de no alterarte, yo estoy contigo y todo estará bien…

- Sí, ¿pero qué le pasó a mi papá?

- Aún no sé todos los detalles y seguramente sea como lo que viste en las noticias esta mañana, a mi tío lo consiguieron muerto anoche dentro de la casa y parece que se trató de un robo, que él se defendió como pudo, pero los asaltantes estaban armados con cuchillos y él no logró salvarse. Una vecina le dijo a mi papá que ya arrestaron a un vigilante de la urbanización y a otro tipo, que parece que era su cómplice, supongo que tenían en la mira a mi tío Rogelio y sabían que vivía solo… lo cierto es que parece que tenían el reloj y la cadena de mi tío, además como que les encontraron sangre en los zapatos, así que seguramente se cambiaron de ropa pero no de zapatos… no se sabe todavía…

- No puede ser, esto no puede ser…

- Bueno prima, me dijo la señora Carmen, la vecina del frente, que ella escuchó a los policías decir que no habían encontrado puertas forzadas ni cerraduras violentadas, así que piensan que esos malandros debieron tener de cómplice a la muchacha que iba entre semana a limpiar y cocinar, porque parece que era la única que también tenía llave de la casa de mi tío…

- No vale… esto es demasiado…

- Yo sé que esto es terrible y que te debe haber impresionado mucho, pero tienes que ser fuerte, además no estás sola, yo te acompañaré a la morgue y me encargaré de lo que necesites con la funeraria y esas vainas. Tranquila que de todo se sale y tú despertarás un día y habrás superado toda esta pesadilla.

- No prima, de esto no podré despertar...





Temor y Realidad (Daniela I)


Finalmente rompió su comunicación de monosílabos y muecas una vez que comenzaron a comer, sin embargo no lo hizo para responder ninguna de las preguntas que él le hacía, sino que inició un relato entre evasivo y disperso sobre su visión de la vida, de la suya por supuesto, porque en toda aquella incontinencia de prosa lo que quedaba bien claro es que sólo pensaba en ella misma:

- La verdad es que no sé qué voy a hacer conmigo, me siento confundida, quisiera sentirme tranquila pero ahora no puedo, hay demasiada presión y no me gusta estar así, yo no puedo con agustias ni peleas… lo que pasó con Carlos ha sido la gota que derramó el vaso…

Él quiso interrumpirle para saber qué había pasado con Carlos y más que nada saber quién era ese Carlos, pero ella no le permitió hablar y siguió contándole.

- …Además creo que también terminé abusando de todos y por eso me ven como lo hacen… Lo del trabajo nuevo ha sido un desastre, yo sé que debí cambiarme mucho antes porque ya el día a día dentro de la misma rutina, cómoda pero asfixiante, me estaba desesperando y ya no lograba disfrutar ni los breaks con mis amigas en el café del banco. Pero es que ahora me siento tan fuera de lugar, tan en el aire… yo creo que aunque sea el mismo ramo, esto de visitar empresas no es lo mío, yo sé que me quejaba de estar siempre sentada en las mismas cuatro paredes de la oficina, pero es que es demasiado diferente todo… Casi no tengo relación con nadie, si acaso con mi jefe, al que veo con su cara de perro regañado y hambriento, exigiéndome cada mañana la planificación de la ruta y pidiéndome los reportes cada tarde sobre las visitas del día… de resto, no hay nadie que se digne siquiera a responder el saludo, al contrario, cuando me ven ya ni disimulan su envidia, es como si me odiaran, como si yo fuese a quitarles el puesto o a robarles los maridos a todas… creo que eso es lo que más resiento de haberme ido del banco, aunque allá también ahora me tienen una mala vibra, no sé si porque casi no hice preaviso, pero las veces que he hablado con Martha y con Braulio, han sido iguales, distantes y reprochadores… el viernes pasado ni me respondieron el teléfono…

- ¿No será que los agarraste ocupados? ¿Puede que sea una cuestión de oportunidad, del momento que no fue el apropiado?

- Claro que no, yo sé que están molestos conmigo, aunque no me lo digan y se esfuercen tanto en disimularlo… lo que no entiendo es el por qué de su rabia, al final yo no les hice nada malo, al menos no a ellos, si acaso mi exjefa o las chicas de Recursos Humanos, a las que puse a sufrir con lo de mi renuncia tan violenta, pero igual esas son cosas normales en las empresas, incómodas pero normales…

- ¿Entonces lo que te tiene así es el cambio de trabajo?

- ¿Así cómo? ¿Qué te pasa? No te entiendo…

- Así “confundida”, como preocupada… al menos eso me decías ayer por teléfono cuando me dijiste para vernos…

- No lo sé…

- Pero eso es lo que te ha tenido más estresada, ¿Cierto? ¿O es lo del Carlos ese?

- Supongo… Ya vuelvo, no tengo más hambre y debo ir un momento al baño…

Daniela había dejado su risotto de espárragos por la mitad, estaba claramente afectada y Rogelio no lograba entenderla del todo, le preocupaba que estuviera tan extraña y que le encontrara tantos “peros” a su nuevo trabajo, ella que siempre había sido tan resuelta y despreocupada, la más alegre y dispuesta que conociera, pero algo le pasaba porque ni siquiera le sostenía la mirada al hablarle… Volvió luego de casi diez minutos y no quiso seguir comiendo, a él también se le había quitado el hambre…

- ¿Entonces, quién es Carlos?

- ¡Era! Prefiero no saber más de él…

Aquello le había caído como una piedra en el estómago y le terminó de espantar el hambre, necesitaba saber de ese tipo, dónde lo había conocido, por qué se refería a él así, sabía que él menos que nadie podría reprocharle nada pero igual le hacía un ruido tremendo aquel hombre misterioso, quizás por la forma en que pronunciaba su nombre, no se trataba de celos, era más fuerte que eso, estaba preocupado por ella y también molesto por saberla tan distante, pues no sólo había un Carlos sino que para colmo “derramó el vaso” y decía sin tapujo alguno que prefería “no saber más de él”. Aunque quería no podía seguirle preguntando por él. Ella no habló más y se quedó absorta en su celular, revisando las actualizaciones del facebook y sin mostrar ningún interés por seguir hablándole. Ya no se percibía angustiada, de hecho no se percibía nada de ella, al menos para él volvía a ser un enigma.

- ¿No quieres hablar más? Yo creo que sería bueno que si no es conmigo, al menos conversaras con alguien más… Si no quieres contarle tus cosas a alguien conocido, podrías considerar ir a un especialista, un psicólogo, a mí me ha ido muy bien con Gioconda, tú sabes, por lo del manejo de la ira y mi tendencia a callarme todo…

- Quizás me sirva eso.

- Si quieres te doy el número de su secretaria, igual puedes verte con ella o con otro de su clínica…

- No, gracias, yo lo busco en google.

- Ok, sólo te decía por hacerte un favor, no pretendo meterme en tu vida…

- La vida… ¿Para qué es que tenemos “la vida”?

- Para vivirla… para disfrutarla, yo qué sé! Está bien que te encuentres desanimada ahorita, pero tampoco es para cuestionarte estar viva…

- Yo no cuestiono nada, no puedo… estoy muy confundida y tengo miedo de que Carlos se quiera vengar de mí.

- ¿Vengar?

- Sí, yo sé que he abusado de todos, principalmente de él, pero no ha sido con intención… Él fue quien comenzó esto, me escribía, sin saber si yo estaba sola o no, me dedicaba canciones y cuando nos veíamos siempre me agredía…

Rogelio quiso indagar más, estaba desconcertado pero no quería interrumpirla a ver si dentro de su desinterés por él, le terminaba contando lo que sentía por ese tal Carlos y qué había pasado entre ellos…

- …Me humillaba y cada vez ha sido peor. Se presentaba con su esposa y sonreía y la besaba frente a todos, luego de decirme tantas cosas y prometerme amor y lealtad, siempre se aparecía con su esposa para hacerme sentir mal… Me dedicaba canciones casi a diario, me decía las cosas más románticas y maravillosas del mundo y todo para qué, para que al verme me ignorara y me tratara como una segundona, como si yo no mereciera su amor…

- ¿Te dedicaba canciones? ¿Te llamaba? ¿Dónde lo veías?

- Carlos trabaja en el Banco, allí siempre me veía pero no se atrevía a hablarme, supongo que por trabajar en la misma empresa, porque me consta que no le importaba que yo tuviera o no una relación, como sea que esté yo, pero él no lo sabe y debió pensar como todo el mundo que yo soy muy feliz y estable en esto de relación de pareja… Lo cierto es que nunca me hablaba, porque no podía, por eso es que me mandaba canciones por el facebook y todas eran románticas o subidas de tono, porque también le encantan los videos de reggaetón y aprovechaba para decirme lo que le provocaba hacer conmigo y esas cosas…

- ¿Te escribía mensajes privados por facebook?

- No, por supuesto que no lo hacía directamente, creo que por su esposa, seguramente ella entra en su cuenta y para evitarse problemas publicaba directamente en su muro, para que pareciera que se trataba de un video que quería compartir, pero él y yo sabíamos que se trataba de un mensaje para mí, que esa era nuestra forma de comunicarnos…

- ¿Cómo es eso? ¿Él te decía que estuvieras pendiente de lo que publicaba porque la cosa era contigo? ¡Qué tonto!

- No hacía falta, yo lo sabía. Si no era así, entonces ¿Por qué se hacía el loco cada vez que me veía y por qué nunca me hablaba ni cuando estábamos solos en el ascensor o en el Café del Banco? Él siempre quiso algo conmigo y allí lo demostró, cuando comenzó a enviarme mensajes en clave con los videos que publicaba…

- No entiendo… ¿Tienes o no una relación con ese Carlos?

- Eso quisiera él, pero como yo me cansé de su jueguito y sus humillaciones le di a probar de su propia medicina y desde hace una semana he publicado como treinta canciones todas insultándolo y diciéndole lo poco hombre que es… por eso es que está tan molesto conmigo, al punto de dejar de enviarme mensajes y hasta decirle a sus amigos que se iba de viaje, claro para disimular su ausencia en facebook, pero lo que está es asustado porque yo vaya a contarle algo de lo nuestro a su esposa, sabe que yo no me calo más su agresión y sus amenazas y tiene miedo…

- ¿Entonces, él trabajaba contigo en el Banco y no en la Aseguradora?

- Claro, ¿Estás queriendo confundirme? Ya te dije que trabaja en el Banco y que en la Aseguradora no lo conocen, aunque estoy segura de que ya llegaron con el chisme, por eso es que todas me ven con ese odio y sé que hablan mal de mí mientras yo estoy en la calle visitando clientes, por eso no quise ir hoy a trabajar, estoy cansada y no tengo ánimos para soportar tantas agresiones... También sé que mi jefe quiere botarme, él quiere que yo me equivoque en algo para despedirme, no me dice nada pero yo lo sé y eso me tiene cansada... Yo no les he hecho nada, además ninguno de ellos no está en mi facebook, no entiendo por qué se sienten aludidos todos por las canciones de reproches e insultos que publiqué, no era con ellos... Pero sé que abusé, que me pasé de la raya, por eso me escriben todas esas cosas y me amenazan, así de la forma más disimulada, tipo pasivo-agresivos, pero sé que quieren hacerme daño y yo no soporto más eso… dije que me dolía la cabeza y hoy no fui a trabajar…

- Qué raro todo…

- Raro nada, tú no te hagas el tonto que sé que también estás bravo conmigo… ¿Por qué estás bravo conmigo?

- Para nada, si yo lo único que quiero es lo mejor para ti, eres lo más grande de mi vida y me preocupa verte tan perturbada… ¿Cómo voy a estar molesto contigo?

- Yo sé que sí, si fuera por ti estaría muerta.

- ¿Qué es eso?

- Ya no quiero hablar más, además yo ya te pagué todo lo que te debía por el carro y no tengo que soportar tus presiones y menos tus amenazas…

- ¿Amenazas? ¿Carro? ¿Cuál carro? ¿Tú te sientes bien?

- Tranquilo Roberto que no hace falta que disimules más… yo entiendo todo y no me voy a dejar de ti ni de nadie…

- ¡Pero hija! ¿Tú me estás hablando en serio? ¿Cómo que Roberto? Yo soy Rogelio, tu papá…

Daniela se le quedó mirándolo, dudando, Rogelio la buscaba con los ojos y no encontraba respuesta en los suyos, finalmente ella habló:

- ¿Papá? ¿Qué haces aquí? Yo me tengo que ir…

Dicho esto, se levantó bruscamente y se fue del local, muy confundida y asustada, casi corriendo. Rogelio apenas alcanzó a sacar tres billetes de cien de su cartera y salió detrás de ella, pero fue en vano, había mucha gente en el centro comercial y por más que trató de ubicarla, no pudo y allí comenzó sufrir su nueva realidad, porque no la volvió a ver ni a saber de ella desde aquella tarde.

El frío me cansa, tu sangre no.

Tu sangre me renueva. Te he dicho que no hay placer más dulce que el tibio sabor de tu sangre y espero que ya me creas aunque no me entiendas. Pensar eso me reconforta de alguna manera.
Claro que sé que soy egoísta, pero eso es lo mejor de mí. Mi egoísmo es lo que te mata y a la vez te hace vivir. Malvivir, pero en cierta forma, similar a lo que haces en mí, te renuevas con cada acción mía, cada gesto egoísta, cada rechazo egoísta, cada beso egoísta.
No soy romántico, pero ya tu tampoco. Yo dejé de soñar y creer cuando sentí la realidad embriagante del poder que me da el ser invulnerable, de estar viviendo siempre en la muerte. No es que todo vampiro sea seco, insensible y sádico. Claramente existen otros algo más implacables, más duros y también conozco algunos con mayor debilidad y quizás como me dices tú, con sentimientos.
Te digo todo esto porque no nos queda más tiempo. No te queda más tiempo conmigo porque yo quiero tu último momento. Porque contrario a todo lo que te he demostrado y dicho, hoy te escribo para protegerte, para advertirte que no podremos vernos de nuevo, que no será posible un nuevo encuentro entre nosotros.
No esperes nada más de mí. Huye. Escóndete lo mejor que puedas. No hables con nadie y lo más importante no dudes de mí.
Soy todo eso que sabes y más. Soy todo lo que niegas y más. No siento remordimientos, no tengo escrúpulos. Mis valores no existen, sólo hay uno y es el sufrimiento. No sufro y lo sabes. El sufrimiento que me mueve es el ajeno. Quiero poseerte, quiero amarte como amo yo, quiero matarte.
Deliro imaginando cómo te derramas sobre mi boca, cómo te desangro y cómo te enfrías en mis brazos. Te deseo tanto que ya no soportaré las ganas y no podré contenerme cuando te vuelva a morder, cuando te tenga desnuda de nuevo, cuando te haga el amor otra vez.
Huye. Vive. Ama. Yo volveré a mi eterna noche, a sentir sangre nueva. Volveré a probar y volveré a matar. Volveré a calentar mi oscuridad con nuevos seres y trataré de no pensarte.
Huye y hazlo bien. Si te llego a encontrar, si llego a saber de ti o si me llegas a buscar, te mataré y te disfrutaré tan intensamente que no dejaré parte intacta en tu cuerpo. Huye y olvídame. El deseo que siento por tu sangre, por tu piel, por lo que eres, por consumir tu vida, me está consumiendo a mí y no quiero dejarme dominar por estas ansias, quiero darte una oportunidad, una que quizás tuve y no consideré suficiente y responsablemente.
Huye y vive. Huye del frío. Déjame a mí el frío que me cansa, el frío que sólo tu sangre espanta. Huye y ódiame. Huye y ámame.
Huye mientras yo vivo de nuevo con estas ganas de matarte que me matan por dentro.

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