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Suerte




Nunca sabrás cómo lo siento,
ya ocultando estoy experto,
y es que de tanto estar expuesto,
me he caído y levantado
como lo hice un día por ti.

Nuestro momento no fue el mejor,
aún recuerdo tu rencor,
y por más que yo te amara,
aún a costa de mi alma,
no podías verlo y ya lo sé.

Entenderás que no te extraño y no te siento,
aunque al pensarte sí hay amor.
descubrirás que si me buscas no me encuentras,
porque ha cambiado hasta mi olor.
que no hizo falta todo este tiempo para llegar a lo que soy.
porque dejarte no fue mi muerte, fue mi suerte.

Siempre quisiste estar presente,
y aunque yo evitara verte,
tú propiciabas los encuentros,
pero tuviste ya tu tiempo,
y ahora yo soy el que no puedo.

Yo no niego lo que sentí,
pero sé que no estoy por ti,
y no se trata de desquite,
no era así que yo quería,
estar contigo para este día.

Entenderás que no te extraño y no te siento,
aunque al pensarte sí hay amor.
descubrirás que si me buscas no me encuentras,
porque ha cambiado hasta mi olor.
que no hizo falta todo este tiempo para llegar a lo que soy.
porque dejarte no fue mi muerte, fue mi suerte.

Entenderás que no te extraño y no te siento,
aunque al pensarte sí hay amor.
descubrirás que si me buscas no me encuentras,
porque ha cambiado hasta mi olor.
que no hizo falta todo este tiempo para llegar a lo que soy.
porque dejarte no fue mi muerte, fue mi suerte.


14 de Febrero



Sabías al abrazarme aquella noche antes de irte
que me sembrabas la angustia por volverte a ver
y luego de dos semanas sin saber cómo hablarte
con la peor de las excusas por fin me atreví a invitarte
en la noche más imprudente y romántica
desde la cual no pude dejar de pensarte
de quererte y de soñarte
de esperarte y de encontrarte


Hoy se me antoja imaginar que estamos juntos todavía
que nunca me pediste que te diera aquel espacio 
que nunca me dijiste que sería mejor separarnos 
que hasta anoche dormimos abrazados
y esta mañana como siempre lo haces
me besaste antes de terminar de despertarte


Hoy se me antoja imaginar que tu olor sigue en mi cama
que aún quiero llegar temprano a aquella casa
para abrazarte y sentir tu piel y tus ganas  
creer que seguimos viendo los mismos programas
y que no hay más silencios ni miedos en mi alma


Hoy se me antoja imaginar que nada nunca cambia
Hoy se me antoja creerme completo y en calma
Se me antoja porque te pienso
Se me antoja porque aún te quiero
Se me antoja que hoy sea ese 14 de Febrero.


Sabías al abrazarme esa mañana al despertar
que me aumentabas la angustia por volver a tenerte
y luego de seis semanas sin poder vivir sin verte
con la peor de las excusas nos mudarnos juntos
y en esa tarde tan impulsiva y romántica
en la que comencé a amar tus defectos 
y a necesitar tu risa y a extrañar tus manías
a sentirte y a adorarte
a esperarte y a encontrarte


Hoy se me antoja imaginar que estamos juntos todavía
que nunca me pediste que te diera aquel espacio 
que nunca me dijiste que sería mejor separarnos 
que hasta anoche dormimos abrazados
y esta mañana como siempre lo haces
me besaste antes de terminar de despertarte


Hoy se me antoja imaginar que tu calor sigue en mi cama
que aún quiero llegar temprano a nuestra casa
para escucharte y para mirarte
para besarte y que sientas mi piel y mis ganas  
creer que seguimos viendo los mismos programas
y que no hay más silencios ni miedos en mi alma.


Hoy se me antoja imaginar que nada nunca cambia
Hoy se me antoja creerme completo y en calma
Se me antoja porque te pienso
Se me antoja porque aún te quiero
Se me antoja aunque sé que no hay nada eterno 
Se me antoja que hoy sea ese 14 de Febrero.







Otra vez


Sé que has pensado que nada es igual
y que has extrañado lo que nunca será
porque no lo previste y ya qué más da
ni pierdes ni ganas y todo está igual

Sé que has pensado en dar marcha atrás
que todo da vueltas y hasta duele pensar
que todos los saltos se van a olvidar 
porque el sueño es cansancio 
y respirar te hace daño 
y es que el miedo está ahora jugando a ocultar 
las ganas que no tienes de volver a empezar

Una vez y otra vez
si lo ves di por qué
tú también lo sabrás
otra vez si podrás 
y es ahora al pensar que te pierdes 
cuando sueñas que no quieres 
es ahora cuando más debes sentir que será 
que nunca nada es igual 
que lo que quieres debes buscar
porque cada vez que se va 
cuando el amor ya no está 
una vez y otra vez
siempre vuelve a llegar

Sé que has pensado lo que quieres negar
que hasta has odiado lo que nunca será
ya lo viviste y ahora lloras de más
ni pierdes ni ganas y nada es igual

Sé que has pensado dejar todo atrás
que en tu mente las vueltas no dejan pensar
en que incluso los besos se van a borrar 
porque el hambre es cansancio 
y ya reir te hace daño 
y es que las ganas ahora están jugando a ocultar 
el miedo que tienes de volver a empezar

Una vez y otra vez
yo lo sé y ví por qué
yo también te sentí
y yo sé que podrás
y por eso al pensar que te pierdes 
cuando veo que no quieres 
es ahora cuando más debes sentir que será 
que nunca nada es igual 
que lo que quieres debes buscar
porque cada vez que se va 
cuando el amor ya no está 
una vez y otra vez
siempre vuelve a llegar

...que nunca nada es igual
lo que quieres siempre vendrá
porque cada vez que se va
cuando el amor ya no está
una vez y otra vez
siempre vuelve a llegar 

Por si llegas y ya duermo




Por si llegas y ya duermo
quise dejarte algo que siento...


lo que me eleva y me despierta
lo que me asusta y me perturba
lo que yo tengo entre tierra y puerto
lo que está hundido en el mar que pierdo


aquí te dejo mi miedo y mi cansancio 
todas mis ganas desenfrenadas 
aquí te las dejo...


y no sólo te entrego todo lo que tengo
sino mis ansias y hasta mis sueños
todos mis versos y mi alfabeto
lo que no he escrito y lo que grito
lo que aún no pierdo y lo que encuentro 


si quieres te dejo… todo esto que siento
porque siempre aquí te siento 
y eres todo lo que esta noche quiero






Por si llegas y ya duermo
quise dejarte algo que pienso...


que me congelas y hasta me quemas
que me torturas con tu cordura
que ya no tengo tierra y ni puerto
que estoy hundido en tu mar oscuro y quieto


aquí te dejo mi miedo y mi cansancio 
todas mis ganas desenfrenadas 
aquí te las dejo...


y no sólo te entrego todo lo que tengo
sino mis ansias y hasta mis sueños
todos mis versos y mi alfabeto
lo que no he escrito y lo que grito
lo que aún no pierdo y lo que encuentro 


si quieres te dejo… todo esto que siento
porque igual aquí te tengo
y eres todo lo que esta noche quiero

Tres meses de amor eterno

Ya no quiero volver a pensarte
necesito de una vez olvidarte
qué es lo que tienes por dentro?
ignorarlo o saberlo, tenerte o perderte
total que no creo en amores eternos

No creo, y es que no debo
no es bueno porque te sigo viendo
y aunque no lo sepas y menos lo creas
ya pasó el tiempo y te sigo sintiendo
ahora con odio en lugar de tus besos
lleno de miedos destruyéndome en celos
y hay tanto silencio porque sólo te pienso
como si fueras pecado 
como si fuera un mal sueño

Porque eras mi amor recurrente y mi sonrisa perenne 
el secreto que escondo como si fueras presente 
eres mi cielo, mi piso y mis manos 
todo lo que busco cuando veo que te hallo 
y es que eres la brisa que duele en verano 
cuando nado sin prisa y cuando no se lo que hago

Y cada tres meses vuelvo a buscarte
cada tres meses me resigno al olvidarte
qué es lo que me haces, qué es? no lo entiendo
que necesito necesito tu cuerpo, necesito tu aliento
y tú me condenas a amarte en silencio

No creo, y es que no debo
no es bueno porque te sigo viendo
y aunque no lo sepas y menos lo creas
ya pasó el tiempo y te sigo sintiendo
ahora con odio en lugar de tus besos
lleno de miedos destruyéndome en celos
y hay tanto silencio porque sólo te pienso
como si fueras pecado 
como si fuera un mal sueño

Porque eras mi amor recurrente y mi sonrisa perenne 
el secreto que escondo como si fueras presente 
eres mi cielo, mi piso y mis manos 
todo lo que busco cuando veo que te hallo 
y es que eres la brisa que duele en verano 
cuando nado sin prisa y cuando no se lo que hago


Célame, célame mucho...


Ya en la oficina, Alfonzo se sintió algo culpable por haberle reclamado a su novia la noche anterior, cuando Mónica le dijo que no quería irse de la fiesta con él. Recordaba que ella argumentó que aunque ya eran las dos de la madrugada, ella no tenía que trabajar temprano, a diferencia de él. Ahora que lo pensaba objetivamente, era totalmente lógico que él se fuera, porque sólo él tendría pocas horas de sueño y ella igual estaría con la mitad de los asistentes a esa fiesta por lo menos hasta el sábado, porque tendrían el estreno de la película en la que casi todos allí trabajaban, incluyendo a su propia hermana, la de Alfonzo. Pensaba que realmente no tuvo motivos por los cuales molestarse, porque se trataba del cumpleaños de su propia hermana, su novia ni siquiera bebía licor, no era un ambiente desconocido, no había gente nueva ni potenciales zamuros que pudieran intentar algo con su novia, de hecho eran puras parejas; y además, Mónica no le había dado indicios en toda la noche para sospechar sobre alguna conducta diferente a su compromiso romántico con él. Fue un impulso, una reacción de celos bobos, más nada.
Ahora lo que le llamaba la atención era darse cuenta que había actuado por primera vez por celos. Efectivamente Alfonzo no era celoso, nunca había tenido problemas con sus novias, ni siquiera con sus hermanas, él no acostumbraba criticar las decisiones de los demás, si no estaba de acuerdo siempre lo decía, pero de una forma tan clara y respetuosa, que nunca suponía una amenaza sobre la individualidad y libertad de los demás. Con sus hermanas, aunque eran menores que él, no tenía ningún sentimiento de egoísmo ni de mayor protección, las quería y respetaba, pero sabía que quienes necesitaban ser protegidos eras sus respectivos novios, porque ellas hacían lo que les provocaba sin reparar en lo que pensarían de ellas sus hombres, hacia los cuales frecuentemente él sentía algo de lástima y hasta pena ajena, pues no se había salvado ninguno de exhibir orgullosamente ignorante al menos media docena de cachos, al mejor estilo de los renos navideños de las inmensas vallas de Coca-Cola del CCCT.
Luego de entrenar en el gimnasio sólo una hora al final de aquella tarde, Alfonzo se apuró para llegar a su casa en San Román, bañarse y cambiarse de ropa, antes de que se le hiciera tarde para ir al cine en El Tolón, donde se haría un coctel y luego se proyectaría tipo preestreno la película donde su novia tenía un papel secundario, que al final le pareció más un personaje de relleno y que hasta algunos pensaron muy discretamente que la aparición de Mónica se había tratado de un trabajo como extra, nunca como lo que insistía en decir: una actriz de reparto.
El nombre y naturalmente el contenido de la película resultaron reveladores para la mente algo ingenua y honesta de Alfonzo: “Célame, célame mucho…”. Resumiendo, la película no era ni mala ni buena, la vio como una película más, al menos para su gusto. Se trataba de una mujer algo histérica de al menos treinta años, notablemente hermosa, con más curvas que argumentos y una sonrisa que hipnotizaba al más fiel. La “prota”, extrañamente llamada Angela se dedicó, durante las casi dos horas que duró la película, a torturar a su novio, que al mismo tiempo era su jefe en una supuesta famosa tienda por departamentos. Ella logró, en los cortos tres meses narrados en la historia, que su novio le propusiera matrimonio y que desistiera de firmar un contrato prenupcial, incluso que comprara a nombre de ella un carro y un apartamento, todo esto antes de casarse, lo cual se esperaba que ocurriese cerca del final de la película, pero que no queda claro si pasaría o no, pues al final, “el coleto”, como ella le llamaba en su mente a su novio, deja entrever la duda sobre si podrá vivir con esa mujer, que lo mismo lo colmaba de detalles para demostrarle su entrega total, como lo desesperaba con sus actitudes “coquetas” con cuanto hombre se le atravesara. Se trataba de una versión venezolana de La Descarada Rubí pero “con sentimientos”, según la describió un periodista de farándula en las entrevistas a la salida de la premier.
Al salir de aquel cine Alfonzo quedó “en estado de show”, como se refería siempre Greta, la mejor amiga de Mónica, cuando quería hablar de la fuerte impresión que le causaba algo, lo cual en la vida de Mónica y ella ocurría cada cuarto de hora. Sin embargo, al principio aquella historia hasta le pareció divertida, ver a Gonzalo (el personaje novio de Angela) comenzando a dudar y estresándose cada vez más por los vaivenes públicos de las caderas de su novia y sus acentuados escotes, era entretenido. Pero luego de la primera hora de aquel juego compulsivo de promoción de celos, no pudo evitar establecer paralelismos con su propia situación, con su novia. Y es que aunque él no se había sentido abrumado por las actitudes provocadoras de Mónica, sí notó que había mucho de aquellos intentos por enloquecerlo, sólo que él había sido hasta entonces prácticamente inmune a los comentarios, sonrisas, llamadas, mensajes de texto y cuanta cosa hacía su novia en persona, por teléfono y hasta por Internet. De hecho, todos los días le nombraba gente nueva que él generalmente no entendía quiénes eran ni qué los relacionaba con ella, y mayormente, se trataba de hombres. Más se preocupó cuando percibió el evidente parecido en la vestimenta de aquella loca de la película y su novia. Pero la escena donde Gonzalo pelea con Angela porque ella se rehúsa a irse de la fiesta con él, fue la gota que desbordó su incredulidad. Desde ese momento no paró de pensar y revisar todos sus momentos de pareja y se preocupó aún más cuando entendió que estaba conviviendo con una histriónica que lejos de proveerle la estabilidad y armonía que él quería, podría estarse convirtiendo en una amenaza para su paz mental.
La noche transcurrió sin mayores contratiempos, pero estuvo evaluando cada conducta de Mónica, concluyendo que efectivamente su novia disfrutaba sintiéndose el centro de la atención, y de la atracción, de todos, incluso de las mujeres. En sus comentarios, descubría las ansias hasta eróticas de sentirse envidiada y hasta odiada por sus congéneres, y que mientras más allegadas más satisfecha y realizada se mostraba. Amaba hacer y propiciar las comparaciones con modelos, actrices y amigas, y siempre salía ganando en ellas, porque si no superaba en belleza o simpatía a sus rivales, conseguía destronarlas realzando cualquier defecto, que sólo en su mente resultaba relevante.
Alfonzo tardó en dormirse aquella noche, pensaba en cómo hacer para confrontar a su novia y demostrarle lo innecesarias que resultaban todas aquellas argucias con él, pues su corazón y sus ganas ya las había ganado y que, contrariamente, esas acciones desestabilizadoras de su confianza sólo lograrían alejarlo. Decidió primero actuar y generar en ella una reacción, que le permitiera conversarlo y en el mejor de los casos resolverlo sin mayores conflictos. Así fue como decidió que al día siguiente probaría una estrategia de espejo con su novia, actuaría lo más espontáneamente provocador posible y esperaría por su respuesta.
Cuando Mónica lo llamó el viernes en la tarde para que la buscara a la salida del Instituto, donde estudiaba Turismo en las Mercedes, Alfonzo le dijo que aún estaba en casa de su madre ayudándola a mover unos muebles que había vendido y que apenas se desocupara iría por ella sin retrasarse con nada, a lo cual ella accedió sin problemas luego de plantearle la opción que tenía de que un tal Andrés, al parecer amigo nuevo de una de sus inseparables “cuamigas” le diera la cola, como siempre algún detalle para provocarle “celitos sanos” a su novio. Veinte minutos después, Alfonzo se apareció caminando en el cafetín del Instituto, con la excusa de que tuvo que estacionarse y bajar a buscarla porque se había quedado sin batería en el celular, vistiendo sólo una camiseta que dibujaba demasiado bien su pecho y abdomen de fanático del gimnasio, así como sus hombros y brazos gruesos y definidos, además, remataba su aspecto los shorts por encima de la rodilla, que con aquella tela tan suave, dejaban poco a la imaginación sobre el volumen de su entrepierna y la dureza de su posterior; incluso los zapatos de goma con aquellas pequeñas medias insinuaban una desnudez parcial, que sumados a su sonrisa de portada de revista, causó las miradas poco discretamente deseosas de la decena de mujeres presentes y, para su sorpresa también de algunos hombres.
La saludó con un beso diáfano y honesto, pero ella no logró disimular totalmente su desconcierto y su molestia, ante aquella inapropiada presentación de quien era su novio, sólo suyo. Fue entonces como inventó una excusa en extremo ridícula para no darle la cola a las tres amigas, que repentinamente se encontraron varadas, y que en otra oportunidad no hubiera tenido problemas en llevarlas, como ya había ocurrido antes. Pero su estrés aumentaba con cada frase ingenua pero encantadora que su semidesnudo novio pronunciaba mientras conversaba con sus amigas. Así que cortó la charla y a pesar de tener todavía que esperar por unas fotocopias que necesitaba para un examen el lunes siguiente, Mónica se despidió lo más acelerada que pudo y literalmente arrastró a Alfonzo hacia la salida y una vez en el carro, no pronunció ni una palabra hasta llegar a su casa, donde le dijo, antes de bajarse del carro: “Mira Alfonzo, yo te quiero demasiado, pero lo nuestro no va para ninguna parte, tú nunca estás pendiente de mí y no siento que realmente yo te interese como quiero, prefiero que lo dejemos hasta aquí, además, yo quiero estar con alguien que me quiera y no que esté compitiendo conmigo, chao!”. 

Solo





Lo sabía, que te irías
lo sentía cada día
y si no estuve contigo
no fue el miedo, fui mentira

Hoy saturas mis recuerdos
hoy el mar es un lamento
que hasta el sol con su presencia
y la sal con su insistencia
ya me estorban, me molestan
pues sin ti nunca es lo mismo
nunca es siempre, y siempre sigo solo

Con tu olor que quema al viento
solo, con tu risa que me busca
y tu andar que se me esfuma
entre olas y entre bruma

Solo, porque no puedo creerlo
porque todo es tan ajeno
sin ti sólo sé estar solo

Hoy tu piel es mi tormento
nuestro espacio se hace eterno
y hasta la luna con su ausencia
y mis horas de inconsciencia
ya me estorban, me molestan
pues sin ti no soy yo mismo
no me entiendo, y es que sigo solo

Con tu cuerpo sólo en sueños
solo, con tu ausencia que me asusta
y tus ojos que no acarician
ni mi piel ni mi locura

Solo, porque no quiero creerlo
porque nada es lo que tengo
y sin ti yo no sé estar
sólo se que estoy solo

Con tu olor que quema al viento
solo, con tu risa que me busca
y tu andar que se me esfuma
entre olas y entre bruma

Solo, porque no puedo creerlo
porque todo es tan ajeno
sin ti sólo sé estar solo

Lo sabía, que te irías
lo sentía y fui mentira

El calor de tu frío


Me quitas el aliento
cuando me envuelves en tu olor,
como al acariciar tu cabello
que me secuestras la razón.

Cada sonrisa tuya me besa con promesas
y cada promesa empieza sonrisas nuevas,
Las sonrisas con las que llenas mis días,
esas que terminan en cercanía,
y abandonan todo espacio entre los dos

Y cuando ya estoy en ti,
como aquella noche sin fin,
cuando me calientas con el frío de tu ser
encendiendo cada poro de tu piel
es que entiendo cómo puede ser,
cuánto amor puedo ser
dentro de ti puede ser,
por el calor de tu frío...
del hechizo de tus manos
y del caudal de tu amor,
me congelo y me quemo,
todo, cuando te hago el amor.

Me robas las palabras
cuando me besas sin razón
como al verte caminando,
que me pierdo tras tu olor.

Cada sonrisa tuya me besa con promesas
y cada promesa empieza sonrisas nuevas,
Las sonrisas con las que llenas mis días,
esas que terminan en cercanía,
y abandonan todo espacio entre los dos

Y cuando estás en mí
como aquella noche sin fin
cuando me calientas con el frío de tu ser
encendiendo cada poro de tu piel
es que entiendo cómo puede ser,
cuánto amor puedo ser
dentro de mí puede ser,
por el calor de tu frío...
del hechizo de tus manos
y del caudal de tu amor,
me congelas y me quemas,
todo cuando te hago el amor.

...me congelas y me quemas,
todo cuando me haces el amor.

¿Qué te importa que te quiera?



Qué te importa que te quiera
qué te importa lo que sienta
crees que soy tan ingenuo
que me creo lo que sea
Porque aunque tanto lo quiera
y de quererte me enferme
nunca voy a creerme
lo que mi mente desea
aquello que tú no esperas
que te de por quererme
eso, que tan sólo me quieras

No hace falta que me digas
todo lo que estás sufriendo
yo te digo que te entiendo
no aparentes que no es cierto
Ni hacen falta las disculpas
si no soy yo por el que sientes
no lo niegues porque mientes

Si yo nada te he pedido
y aún así mi vida llenas
cada vez que de él escapas
porque siempre que has podido
no has vuelto tras sus ganas
y conmigo tú te engañas
secando tu amor en mi cama
cuando tu querer sin querer me regalas


Qué te importa que te quiera
qué te importa lo que sienta
crees que soy tan ingenuo
que me creo lo que sea
Porque aunque tanto lo quiera
y de quererte me enferme
nunca voy a creerme
lo que mi mente desea
aquello con lo que no cuentas
que empieces a quererme
eso, que tan sólo me quieras

No hace falta que me expliques
todo lo que estás sintiendo
yo te digo que te entiendo
no lo digas yo lo siento
No hace falta que me pienses
sé muy bien lo que no sientes
no lo niegues porque mientes

Si nada he esperado
y aún así mi vida llenas
cada vez que tú me encuentras
porque siempre yo he podido
y sin pedir te doy de mí
levantándote si te derramas
mojando mi amor con tus ganas
cuando tu querer sin querer me regalas


Qué te importa que te quiera
qué te importa lo que sienta
crees que soy tan ingenuo
que me creo lo que sea
Porque aunque tanto lo quiera
y de quererte me enferme
nunca voy a creerme
lo que mi mente desea
aquello que tú no esperas
que te de por quererme
eso, que tan sólo me quieras

Qué te importa que te quiera
mientras puedas y yo quiera
Qué te importa que te quiera

La Sonrisa Eterna - 6



Diego:

Te escribo esta carta aunque sé que nunca tendré el coraje para entregártela. Te escribo esta carta a pesar de saber que aunque la leyeras, podrías no entender lo que quiero decirte, porque no sientes nada de lo que yo siento, al menos no por mí.

Hoy cumplo dos años de conocerte, dos años completos de soñarte, dos años de imaginarme tantas cosas contigo. Sé que es exactamente ese tiempo, porque hoy celebro dos años de haber comenzado a trabajar en el Centro Médico, y nunca podré olvidar lo que sentí al verte salir del ascensor al final de la tarde, fue como si me hubiesen sonreído desde adentro y me hubieran hecho cosquillas en el corazón. Seguro te pareceré cursi, pero así me sentí al verte. Además, te recuerdo muy claramente ese día, quizás porque no has cambiado en nada, sigues siendo el mismo hombre grande, hermoso, sonriente y amable que me sostuvo el ascensor y me dio las “Buenas tardes”, no por simple cortesía, sino sintiéndolo, con esa mirada franca y directa que me ha hecho extrañarla desde ese mismo día.

Si en verdad leyeras esto, si por algún ataque de insensatez o de descaro me atreviese a dejarte esta carta en tu escritorio, o quizás en el parabrisas de tu carro, sólo quizás… a pesar de que pudieras pensar que yo estoy loca o aún peor que eso, que soy una loca cursi, o incluso aún más allá: que soy una loca cursi cobarde, aún así, sólo con imaginarme que sabrías lo que siento, sólo con eso yo me alegraría y tendría un poco de paz.

Tampoco es que no pueda concentrarme, que me la pase pensándote y no logre acertar ni en un diagnóstico ni en alguna dosis, que trate de tomar los turnos en las horas en que sé que tú también estarás de guardia, que me esconda en cualquier pasillo sólo para verte pasar, o que soborne a tu secretaria con postres para que me cuente cualquier detalle de tu vida privada. Obviamente no me pasa ni hago nada de eso, es algo más grave que cualquier actitud obsesiva propia de una verdadera loca cursi cobarde, porque lo que sí me pasa es que conscientemente pienso en ti y recuerdo nuestras pequeñas conversaciones. Porque lo que sí hago, es imaginar que me miras por al menos un segundo más de lo apropiado y me dices que hay algo en mi sonrisa que te hace querer besarme y que hay algo en mi mirada que te hace sentir como con ganas de seguir viéndome.

Claro que es mucho más grave que ser una loca histérica obsesionada con un tipo que ni sabe de su existencia, porque en mi caso tú sí sabes quién soy, me respetas y sé que piensas bien de mí. Lo que lo hace grave es que hoy soy una mujer enamorada, que te admira, te desea y te valora por quien eres, por lo que haces, por lo que dices, porque además de ser un hombre muy atractivo y varonil, eres impecable en tu conducta y nunca tienes palabras ofensivas con nadie, porque eres atento, inteligente y simpático, ¡Porque eres bello completo vale!

Entonces, enamorada, así como me estaría descubriendo ante ti, si leyeras todo este disparate romántico, desesperanzado y sin sentido que escribo ahora, aprovecharía para decirte que no deberías sentirte incómodo en adelante conmigo, porque lo que ciertamente ha sido un sentimiento muy intenso, ha sido algo exclusivamente privado, algo sólo mío, y lo más importante, algo que no trascenderá ni continuará a partir de hoy. Porque así como estoy consciente de que mi atracción hacia ti es un sentimiento unilateral, puro, bello, por demás romántico e ideal, también estoy muy clara en que no está resultando sano ni justo conmigo, pues me deja siempre en un sueño constante, en un imaginar constante y ¿Por qué negarlo? hasta en algunas lágrimas de frustración y desamor, a veces, como cuando alguna cita termina mal y no logro evitar compararte y creer que contigo cualquier noche hubiera resultado más que perfecta.

En este papel escribo lo que siento por ti y creo que mayormente porque siento una necesidad tremenda de dejar de sentirlo. Creo que debo darme una oportunidad real fuera de todo sueño hermoso y romántico a tu lado, porque al final sólo seguiría siendo eso: un sueño. No puedo negar tampoco que el detonante de que yo quisiera reaccionar y revelarme a este sentimiento solitario que me está haciendo sentir muda e invisible, es el hecho de saber que vas a casarte, precisamente hoy escuché a unas enfermeras comentar que te casarías y eso me ha dado unas ganas terribles de llorar, algo que sé que es absurdo pero que igual me afecta, que me duele y que me grita que debo dejar de esperar por algún hecho fortuito que te haga notarme, que te haga desearme, que te haga amarme…

Y dejo aquí de escribir esta carta infértil, porque quiero dejar de pensarte y continuar viviendo, no tanto desesperanzada por no tenerte nunca, sino porque prefiero empezar a ilusionarme con que también yo encontraré un amor, como te ha pasado a ti, porque al no ser una loca cursi cobarde, debo preferir las sonrisas a las lágrimas, porque sólo escribir esto me ha empeorado el nudo que llevo en la garganta y ha hecho más profundo el vacío de mi estómago.

Es por eso que dejo de escribir esta carta y me despido de ti, no porque haya recordado que por estar pendiente de la noticia de tu boda, haya recetado una dosis equivocada a una paciente recién operada, o porque haya recordado que hoy no he revisado a qué horas estarás de guardia para anotarme yo también en ese turno, ni porque me acabe de dar cuenta de que me viste sentada en esta esquina escribiendo y viendo hacia tu consultorio, y mucho menos porque se me esté derritiendo la torta de helado que le compré hoy a tu secretaria para hacer que me contara los infinitos defectos de tu futura esposa. Nada de eso, recuerda que no soy una loca cursi cobarde. Es por lo primero, porque quiero que este escrito sea precisamente la receta que me cure el corazón y me sane la tristeza que llevo en el alma, desde que comprendí que lo mío, de sueño romántico pasó a ser un sueño absurdo y que debo reponerme y dejar de amarte.

Un beso inmenso,

Rebeca

Esta carta fue encontrada por Diego el miércoles siguiente a su nefasta propuesta de matrimonio, mal desarrugada sobre su escritorio, claramente sembrada allí por algún alma divertida y bastante sádica, luego de conseguirla a su vez seguramente en algún cesto de basura de la Clínica. El la leyó varias veces y no pudo evitar sentirse un poco reflejado en aquel desamor explícito, pues él mismo se estaba sintiendo sin piso y, al igual que Rebeca, no encontraba forma de evadir su vergüenza y su tristeza.

La Sonrisa Eterna - 4



Aquel viernes de diciembre, cuando Diego salió del ascensor muy temprano, para ir a su trabajo en el Centro Médico del Norte, no le pareció extraño encontrarse con el dueño de su apartamento, de hecho, el Sr. Angel siempre estaba de entrada o de salida y lo raro hubiese sido no coincidir con él en la planta baja del edificio.

El Sr. Angel Acosta era dueño de tres apartamentos además del que habitaba junto con su aún más caduca madre. Era un hombre maduro, simpático y hablador, aunque mantenía siempre el cuidado de no resultar entrometido, por lo que Diego, luego de ocho años de inquilino suyo, sí se extrañó al escuchar de su vecino/arrendador algo distinto a un saludo, algún comentario sobre la situación del país o lo que más recientemente acaparaba sus conversaciones: el tema de las reparaciones que harían en la fachada del edificio y en los ascensores.

Así que luego del infaltable buenos días, el Sr. Angel como quien pregunta por el clima, pulverizó el hielo vecinal casi establecido por la junta de condominio, hablándole muy directamente: - ¿Cómo te va en tu relación con María Beatriz? Ante lo cual Diego sólo alcanzó a pensar: “¡A la verga! Viejo trae maña y la de este es el chisme..." Entonces, al ver que no le respondía, el Sr. Angel le inquirió nuevamente:

Sr. Angel: - Te preguntaba que ¿Cómo les va a María Beatriz y a ti? ¿La cosa va en serio?

Diego: - Bien… Todo bien, “la cosa” va bien… pero ¿Y esa pregunta?

Sr. Angel: - Eso, su relación… que bueno, me contenta escuchar eso.

Diego: - Sí, gracias…

Sr. Angel: - Lo que pasa es que quiero vender el apartamento y si ustedes están formales ya, creo que habrá más chance de que resulten interesados en comprarlo… digo si buscan formar una familia y esas cosas…

Diego: - Pues fíjese que no pensé que usted vendería sus apartamentos y hablándole francamente, yo estoy por pedirle matrimonio a Mary en cualquier momento, tengo anillo listo y como tres discursos en el horno, sólo buscando el mejor momento… y eso de que usted quiera vender el apartamento nos podría caer “como anillo al dedo”… jajaja exactamente como anillo y con anillo y todo… ¿Y cuánto está pidiendo por él?

Sr. Angel: - Tengo que revisar bien unos detalles con la inmobiliaria, pero hemos hablado de 1.400.000 Bs… de todas formas eso lo discutimos luego… sólo quería que ustedes tuvieran la primera opción.

Diego: - Ok. Perfecto… Ese más o menos es el precio de esta zona y lo podemos discutir con calma después… Ahora me tengo que ir, pero sí me interesa evaluar esa posibilidad. Gracias!

Luego de despedirse, Diego ya no pensaba en las dos operaciones que tenía esa mañana, simplemente se dedicó a soñar despierto y sonreír mientras manejaba. Al llegar al estacionamiento decidió que sería esa noche, que no había necesidad de esperar más. Apenas llegó al piso 6, donde dominaba el cargo de Jefe de Gastroenterología desde hacía cuatro años, le pidió a su secretaria, guiñándole un ojo, que le comunicara con su “prometida”. Habló con María Beatriz y le pidió primero disculpas por haber olvidado mencionarle la noche anterior, que el Director de la Fundación propietaria del Centro Médico le había invitado, junto al Jefe de Cardiología y a la Directora de Administración a una cena en un restaurante en La Castellana, en donde al parecer quería compartir con ellos algunos planes relacionados con la creación de otra sede de la Clínica:

Diego: - Beba, la cosa es formal y no podemos llegar tarde…


María Beatriz: - Ok Amor… ¿Y a qué hora me pasarás buscando por la casa?

Diego: - Hoy llego temprano y nos vamos juntos. Con que estemos listos a las siete es suficiente…

María Beatriz: - Bueno, espero que me de tiempo de todo. No tengo nada que ponerme y hasta las once no abren las tiendas y tú sabes cómo soy… no me gusta estresarme y no tengo cita en la peluquería y ni siquiera sé si conseguiré zapatos que vayan con el vestido que aún ni he visto, o sea, it is not easy Amor…

Diego: - ¡Gracias Bella! Resuelve como puedas, igual sabes que eres super preciosa y así no inventes mucho serás la más bella de la noche… cualquier cosa vas a la peluquería de Katherine, ella siempre me pregunta por ti…

María Beatriz: - Claro que lo sé, obvio que seré la más bella, pero tampoco es para que muera en la pelu antrosa de tu hermana… ¡Sorry Love! No te metas, que bastante has hecho con avisarme tan tarde… ¡No inventes más! Mira que lo tuyo es echarle cuchillo a tus pacientes todos loosers estresados con úlceras y gastritis y yo no caeré en tu quirófano… Así que cero estrés y nos vemos en la casa entonces esta noche…

Diego: - Sí bella, esta noche nos vemos… Te amo.

María Beatriz: - ¡Kisses Love! Bye! Bye!

Así, mientras su princesa se dedicaba a sortear las dificultades de las boutiques y los salones de belleza, el Dr. Diego Valecillos trabajaría toda la mañana realizando un par de operaciones de by-pass gástrico y de úlcera sangrante, para luego atender sólo seis pacientes en su consultorio y poder salir antes de las cinco de la tarde, de modo que le diera chance a él también para prepararse y más que nada para tranquilizarse y relajarse.

Estuvo especialmente asertivo en sus diagnósticos, explicó los tratamientos a sus pacientes con inusitada paciencia y detalle, y hasta escribió sus indicaciones con un poquito menos de desidia lingüística, al punto de que no hizo falta que su secretaria las tradujese a los pacientes antes de su partida y luego de cobrarles la abultada cuenta.


Sin embargo, su última paciente le afectó un poco su ánimo. Encontrarse con una mujer joven tan visiblemente alterada y deprimida, que ignorando su condición de gravidez estuviese consumiendo mayores dosis de alcohol y cigarrillo que su propio padre, le resultó incómodo e incluso indignante. Él sabía el daño que hacía a un bebé, en las primeras semanas de desarrollo, cualquier agente nocivo que la madre ingiriera, pero lo que más le llegó, fue sentir la desesperanza en la mirada de Rosa María, quien había sido la paciente más vital y enérgica que recordara, pues ni con la peor de las gastritis era capaz de rebajarse a expresarse con quejas o remilgos, pues siempre demostraba ser una mujer fuerte y dueña de sí misma.

Todo le salió perfecto aquella noche. Ni siquiera el drama de aquella mujer le había empañado el entusiasmo, no había tráfico ni ascensor dañado que le aminorara la energía, por el contrario, quería que el día durase más, porque quería disfrutarlo mucho más. Le emocionaba todo eso y lo sabía. Quería gritar y correr. Estaba feliz. Estaba siendo cursi y aún así estaba siendo feliz con eso.

María Beatriz no estuvo bella como siempre, esta noche lo era aún más, al menos para sus ojos ella resplandecía y hasta le parecía sacada de una revista de modas internacional. No hubo ningún inconveniente y tal como esperaba, terminaron saliendo del apartamento a las nueve de la noche.
 

El restaurante era cerca y María Beatriz no sospechó nada. Estaban en una mesa para ocho personas, era imposible que ella imaginara lo que pasaría, pues ni en los tres años de novios ni en los dos viviendo juntos, Diego había sido hombre de sorpresas. Así que a pesar de haber llegado tarde al restaurante y de estar ellos dos solos en aquella mesa tan costosa y tan vacía, ella no supo lo que pasaría hasta que Diego hizo un gesto a alguien en el local, la música y las luces disminuyeron su intensidad y dieron paso a las palabras de aquel hombre que ahora de rodillas ante ella y con anillo en mano, le habló directamente desde lo que él mismo podía sentir que era su alma:

Diego: - Beba Preciosa: Cada mañana cuando despierto me ocurre lo mismo que al acostarme: Te veo y me pregunto cómo he podido yo ser tan afortunado de conocer y amar a una mujer tan hermosa y amorosa, como lo eres tú… Te veo y sé que quiero sentirte a mi lado por siempre, que quiero respirarte y cuidarte hasta que el cuerpo me lo permita, que quiero tener una familia contigo, hijos, que ya eres mi familia y, como no dejo de soñar con que me regales tu vida y aceptes la mía, he querido esta noche expresarte mi intención de compartirlo todo contigo, de amarte y entenderte, de escucharte y consentirte, de que seas sólo tú quien me hable y me ame, quien me cuide y me escuche siempre… por eso hoy quiero preguntarte: María Beatriz Prato Smitch, ¿Quieres casarte conmigo?

María Beatriz: - ¡Diego! ¡AMOR! Claro que no quiero casarme. O sea, sabes que te amo, siéntate que nos están viendo… Baby te amo mucho mucho, pero no me veo casada tan joven… no sé, me tomaste totalmente desprevenida y yo no sé qué decirte… No, supongo que no. No quiero casarme. Mírame. No te vayas a molestar Love, eres maravilloso pero yo no quiero ser esposa de nadie, al menos no todavía, eso es mucha responsabilidad. Sorry Baby. Debiste preguntarme antes para evitarnos este show Amor… No me veas así, que esto es tu culpa.

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