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Sólo Sueños (Daniela III)


Habían pasado más de dos meses y lo único constante en su día a día eran los sueños, la mayoría de los cuales eran perturbadores y tristes. Aún no tenía idea de lo que había pasado aquella noche en que murió su padre, sin embargo, estaba convencida de que había tenido algo que ver con su asesinato y eso la mantenía aterrada en silencio. Estaba medicada para mantenerse dormida el mayor tiempo posible, así que cuando no estaba durmiendo tampoco se podía decir que estaba realmente despierta, pues parecía un fantasma recorriendo la casa de su prima Alejandra. Apenas se levantaba para comer y rara vez se le podía encontrar asomada en la ventana de la cocina, donde veía pasar por horas a las hormigas de una rama a otra del árbol de mango que cubría aquella vista.

Ahora su mezcolanza de recuerdos se aderezaba con las incoherencias de sus sueños. En la última semana le dio por soñar con su madre, al menos ella sabía que era su madre, pero tampoco es que le podía ver claramente el rostro, se trataba de situaciones en las que ella era muy pequeña y veía a una mujer interactuando alrededor de ella, todo en los sueños va siempre bien hasta que su madre comienza a llorar y gritar descontroladamente, ella tiene ganas de llorar también pero es más el susto que la tristeza, así que siente que le duelen los ojos pero que no logra llorar, luego su madre se calla y no la vuelve a ver. Total que despertaba pensando que lejos de mejorar cada vez estaba más loca. 

Aunque quiso evitarlo, terminó obsesionándose con la muerte de Rogelio. Cuanto más trataba de no pensar en eso, más entretejía sus versiones sobre cómo había transcurrido aquella trágica y violenta noche. Por una parte pensaba que no había tenido nada que ver con aquello y que la sangre había aparecido sobre ella quizás como un aviso, por alguna conexión espiritual intensa entre ella y su padre, como cuando la virgen lloraba sangre, sólo que ella no era virgen desde hacía mucho y que tampoco era pegada a su padre. Era la hipótesis más loca de todas, pero no podía descartarla completamente, total que si su prima aún siendo psiquiatra estaba obsesionada con verse como Shakira, ¿Por qué no podía su cuerpo ser una versión morbosa de una aparición mariana del siglo XXI?

La versión que más la angustiaba, porque creía más en ella, tenía muchas variantes pero un sólo punto en común: ella era la responsable directa de la muerte de su propio padre, la asesina loca y desmemoriada, pero la asesina. Según el análisis de los hechos y las pruebas que conocía, ella habría discutido con su padre y lo habría acuchillado múltiples veces en su propio cuarto. Lo que no tenía nunca sentido era el por qué de aquella discusión, pues no daba con alguna razón que la hiciera reaccionar tan violentamente contra su padre. Sobre los supuestos asesinos, ella pensaba que eran unos carroñeros que al encontrar al muerto no lograron controlarse y le robaron lo que pudieron, pero no habrían tenido mayor participación en el crimen que la tenía tan desconcertada y triste.

Esta versión la atormentaba mucho porque no le encontraba un motivo racional acorde a la magnitud de aquella carnicería, pero lo cierto es que estaba muy consciente de que ella no era nada racional en aquellos días, por lo que también podría tratarse de un hecho fortuito producto de su evidente insania mental, un evento casual que terminó pagando muy caro su padre, por quizás estar en el sitio y en el momento menos oportunos. Lo que es igual a decir que lo mató porque estaba loca y ya.

También cabía la posibilidad de que ella lo hubiera conseguido ya muerto, lo abrazara desesperada y esto causara su apariencia ensangrentada la mañana siguiente y que producto de aquella impresión tan dolorosa, Daniela hubiera terminado por freir la pasta con albóndigas que tenía ya por cerebro, porque igual estaba clara de que no había estado bien desde mucho antes, pero no se recordaba tan aturdida como ahora. Así, lo habría encontrado muerto y se habría vuelto loca de la impresión. Que la policía no haya encontrado nada que la incriminara hacía esta versión algo más probable, pero igual existía algo en todo eso que no la dejaba creerlo, quizás el saberse tan desequilibrada, lo cierto es que no sabía nada concreto.

Tenía también en su mente la idea de que ella había participado junto con aquel vigilante y otro cómplice en el asesinato de Rogelio, pero si fue así, ellos ya la habrían delatado y no sería la “drogada durmiente” en casa de su prima sino que estaría presa desde la primera semana de investigaciones. Lo cierto es que por más desligada que se encontrara de su padre, no podía entender como ella iba a estar involucrada en su muerte, en el fondo sí lo quería, aunque su relación con él siempre había sido de desencuentros y discusiones, pero nunca radicales o definitivas, de hecho sus peleas con Rogelio eran tan absurdas que debían tener un origen desconocido propio de las personalidades de ambos y no consecuencia real de posiciones y opiniones francamente defendibles, quizás la pripia falta de su madre, lo cual pudo haber aprotado cierto equilibrio en su hogar, o quizás se trataba de incompatibilidad de signos, como ella era Tauro y él Géminis, pero no sabía nada de Astrología, Tarot ni de Feng Shui, así que no podría saber si sus desacuerdos respondían a algo más fuerte que ellos mismos.

Hacia el tercer mes de su encierro psicotrópico voluntario, Daniela decidió que debía ir a su antigua casa, donde había vivido toda su niñez y donde había muerto recientemente su padre. Esperó a que su prima se durmiera, así casi a medianoche tomó prestada su camioneta Toyota FJ Cruiser y, luego de pensar que “Alejandra era la única psiquiatra con real que conocía”, manejó casi por inercia hasta la calle donde aprendió a correr bicicleta, donde se estacionó y esperó casi una hora, hasta que tuvo la fuerza suficiente para entrar en aquella casa que le removía tanto los recuerdos, incluso los que no encontraba todavía.

La mancha de sangre no había sido removida del todo en la alfombra del cuarto de su padre, de resto la habitación estaba pulcra, aunque se notaba el desastre ordenado posterior a las visitas de los forenses y demás carroñeros oficiales y civiles que asistieron a la escena del crimen de su papá. Extrañamente no sintió dolor o tristeza al estar allí. Revisó con calma cada gaveta y leyó detenidamente todos los documentos que encontraba, esperando quizás conseguir alguna prueba de una deuda o alguna amenaza, algo que la policía hubiese pasado por alto, pero en los lugares obvios no consiguió sino respuestas obvias: nada útil. Recordó la manía supuestamente secreta de su padre, de esconder sobre las láminas del techo de cielo raso, unas cajas de zapato con monedas antiguas y papeles de bancos o propiedades, pero imaginó que al vivir solo dejaría de esconder todo. De todas formas buscó en el techo y consiguió tres cajas que alguna vez fueron blancas y que ahora exhibían un brillante beige apolillado por todas partes. Se inquietó aún más cuando se percató de que no sintió emoción con ese hallazgo, sino miedo, un miedo puro e instintivo, que le erizó la piel y le enfrió las piernas y la espalda hasta la base del cráneo. Tenía que revisarlas aunque le sobreviniera un ataque de locura digno de la Daniela actual.

Como cualquier thriller de suspenso de los 50’s, la búsqueda en las dos primeras cajas resultó infructuosamente predecible, sólo objetos y documentos de valor relativo, que debían interesarle a su padre o a algún coleccionista sin vida propia, pero para ella todo era extremadamente fútil, no así la última caja, que precisamente guardaba más secretos que objetos dentro, pues apenas al abrirla mostraba manchas relativamente frescas de sangre seca, como la que ella misma había retirado de sus propios ojos la mañana siguiente al ataque de su padre. Sintió mucho miedo, imaginó que ella misma o alguien cercano a ella, como Alejandra, había encontrado algo de esa caja manchado de sangre junto al cuerpo sin vida de su padre y lo había guardado allí para que no fuese encontrado. Como fuera, tuvo la certeza de que estaba relacionado con la muerte de su padre, cerró la caja y se la llevó a casa de su prima. Estaba tan nerviosa que su instinto de supervivencia, bastante maltrecho por tantos medicamentos simultáneos, le ordenó que se retirara y que procurara seguir su búsqueda de respuestas en un lugar más seguro, como podía ser su actual cuarto en casa de su prima la psiquiatra, que además representaba un lugar más apropiado para cualquier ataque de locura, lo cual parecía ser inminente para su en extremo frágil humanidad.

Casi amanecía y Daniela no se atrevía a abrir aquella “caja maldita”, como ya la había bautizado. Pensó que si lo que había allí dentro le había causado la muerte a su padre y desencadenado semejante locura en ella, quizás sería mejor no indagar más en su contenido y destruirla sin mayor análisis, para permitir al tiempo, las medicinas y la terapia hacer su trabajo, a ver si lograba medio parapetear su cabeza y proveerle alguna posibilidad de futuro estable. Pero sabía que esa idea de no descubrir lo que había en la “caja maldita” era paja, de la más seca y quemada, que era cuestión de tiempo para que ella decidiera abrirla y buscar lo que sea que hubiera adentro. Por un momento estuvo segura que efectivamente sabía qué había en la caja y que ese miedo a abrirla se debía a que lo que encerraba era realmente horrible para ella, que eso podía ser la llave para recuperar sus recuerdos, esos que sentía que su mente había decidido olvidar para protegerla. 

Así fue como actuando en contra de sus mecanismos de autoprotección, Daniela abrió la caja y consiguió fotos y papeles sucios y viejos, manchados por aquella sangre. Había decenas de fotos suyas de cuando era una niña y de otras muchachitas que no logró identificar. En todas las fotografías las niñas estaban desnudas y en posiciones extrañas, mostrando su cuerpo como si les hubieran estado diciendo qué hacer y cómo posar. Sintió una rabia inmensa que seguro llevaba contenida y sintió que se le calentó el pecho y se le perforó el estómago con un dolor intenso. Quiso llorar pero las ganas de leer lo que decía una carta vieja y manchada no se lo permitieron, se trataba de la carta de suicidio de su madre, en donde hablaba del dolor y la culpa que le causó haber descubierto que compartía su vida con un “depravado y sádico” y donde le pedía perdón a ella, a su hija Daniela, por ser tan cobarde y acabar con su propia vida en lugar de matarlo a él. Fue así como Daniela rompió en llanto, sintiéndose muy sola y triste, pero liviana y tranquila, porque aunque no recordaba cómo lo había hecho, supo que había sido responsable de la venganza de su madre, de ella misma y hasta de las otras niñas abusadas por aquel monstruo que tuvo por padre.


Despertar (Daniela II)




Apenas amaneció y ya sentía retumbar en su cabeza cada ruido de los carros en la calle. No podía abrir los ojos y también sentía dolores en el resto del cuerpo, como cuando a los 19 años volvió a casa después de un fin de semana de rafting en Barinas con el primer novio que le había presentado a su padre, el más loco de todos y que siempre la arrastraba a esos retos imposibles para su metro sesenta de flojera y debilidad extremas. Pensó que aquel dolor era por la mala postura de la noche, porque no había despertado en la cama sino en el suelo de la sala. Tardó unos minutos en incorporarse pero aún no podía abrir del todo sus ojos, pensó que algo le había causado una alergia o que hasta tenía una conjuntivitis porque sentía un pegoste tieso en los párpados, así que entró directo a la ducha para lavarse la cara y masajear su adolorido cuerpo con el agua caliente.

Una vez aclarado el rostro bajo los múltiples e intensos chorros de agua, pudo abrir los ojos y al ver sus manos rojas no logró evitar el grito que le hizo doler aún más la cabeza. Estaba demasiado nerviosa, mientras descubría que casi todo su cuerpo estaba cubierto de sangre seca, sentía un asco que nunca había experimentado y un miedo que le erizaba toda la piel, y a pesar de que el agua era suficientemente caliente para no ser tolerada por el común de los humanos, Daniela sentía que unos latigazos fríos le recorrieron la espalda y las piernas. Se frotó con la esponja y la sangre le destiló incluso del cabello, donde terminó formando una espuma rosada con el champú.

Estaba aterrada, pensó que se había caído y roto la cabeza con algo, que por eso había despertado en el suelo, pero por más que se revisaba no encontró indicios de heridas. Se terminó de bañar desesperada y salió de la ducha sin secarse para revisar su cuerpo frente al espejo, pero sólo consiguió unos moretones en la parte interna de los brazos y sobre la rodilla izquierda, de resto estaba intacta, adolorida y asustada pero sin cortadas ni golpes de importancia, porque sabía que debido a su fragilidad capilar, era común que se encontrara moretones en los brazos y las piernas, más aún considerando que había dormido en el suelo. Se revisó la nariz, se tocó en todas partes, en todas, pero estaba normal. Allí su dolor de cabeza se intensificó a tal punto que temió desmayarse, sentía que el rostro se le dormía, tomó la toalla y se envolvió en ella antes de sentarse en el suelo para terminar acostada, hundida en un llanto ahogado producto del dolor y el miedo que la invadieron sin explicación.

Pensó en su madre, quiso que estuviera con ella, la extrañó tanto que olvidó que prácticamente no la había conocido porque había muerto cuando ella sólo tenía cuatro años. Fue entonces que entendió que aquella sangre no pudo haber sido suya, que había amanecido llena de la sangre seca de alguien más. Quiso recordar lo que había hecho la noche anterior pero no consiguió ningún recuerdo, ni de aquella noche ni de ninguna en específico, su temor fue mayor al encontrarse tan desorientada que sabiendo dónde estaba y quién era, no tenía ninguna idea de qué le había pasado. Se dio cuenta también de que tampoco sabía qué día era. Todo esto fue demasiado para ella, por lo que terminó desmayándose aún mojada y en posición fetal sobre el piso del baño.

Cuando volvió en sí, Daniela ya no sentía el dolor de cabeza, sólo un vestigio raro de la jaqueca previa, una molestia que le parecía insignificante en comparación a los dolores musculares. Sentía como si hubiera corrido un maratón, no había movimiento que no le causara dolor. Recordó que había despertado sucia de sangre ajena y trató de mantenerse calmada, quiso pensar y tampoco esta vez lograba recordar nada reciente. Miró a su alrededor buscando pistas que le indicaran qué había ocurrido y sólo encontró junto a ella, una blusa y un pantalón manchados de sangre. “Quien haya sido, seguro se  desangró encima de mí”, pensó mientras se incorporaba para caminar hacia la cocina tratando de dominar los dolores a cada paso. Una vez frente a la nevera pudo ver la hora en el microondas, pasaba de las cinco de la tarde, había quedado inconsciente casi todo el día. Se comió los restos de un sándwich que había en la nevera y se tomó un vaso de leche. Tenía mucha hambre pero también sentía náuseas, así que trató de comerse todo lo más rápido posible para poder recostarse en el sillón de la sala, porque entre los dolores y el mareo, temía caerse de nuevo.

Entendía que tenía un problema de memoria, suponía que de la memoria reciente, aunque no podía estar segura de cuánto tiempo tenía en ese estado. Cada intento por recordar algo la angustiaba más y la imagen de aquella sangre la desesperaba. Decidió llamar a su única prima, que además era psiquiatra y podía ayudarla, pero no recordaba su teléfono. Llamó al número de información y luego de preguntar por la fecha y asustarse aún más al escuchar la respuesta, tomó nota del número de teléfono de la casa de Alejandra Saglimbeni, a quien llamó inmediatamente para pedirle ayuda.

- Aló…

- ¡Aló! ¿Alejandra?

- ¿Daniela? ¿Eres tú?

- Sí prima, ven a la casa por favor… no estoy bien…

- Claro prima… ¿Pero Dónde estás? No sé dónde vives, no sé nada de ti desde que murió mamá, hace seis años que andas desaparecida de nosotros…

- No sé Ale, vente, ayúdame por favor, no sé nada… vente a la casa…

- ¡Ok! ¿Pero adónde Dani?

- ¡Al apartamento de mi abuela!

- ¿Estás viviendo en el apartamento de La Florida? ¿Eso no lo vendieron?

- Sí, no sé, aquí vivo… vente rápido, me duele todo el cuerpo y perdí el conocimiento temprano por un dolor de cabeza muy fuerte con el que desperté… ¡Ayúdame que estoy desorientadísima y tengo mucho miedo!

- ¡Tranquilízate, seguro es por la impresión, acuéstate que salgo ya mismo para allá! ¡No llores que todo estará bien prima! ¡Te quiero!

- Igual yo, gracias y apúrate…

Aún con aquella angustia y sus dolores, Daniela no pudo evitar arreglar un poco el apartamento, odiaba el sucio y no podía dejar que su prima la viera tan mal, debía ordenar un poco los cojines del mueble y, por supuesto, meter en la lavadora la ropa ensangrentada, que tanto la asqueaba y asustaba, con el ciclo más intenso y con todos los detergentes y quitamanchas con que contaba en su despensa. Cuando sonó el intercomunicador, no sólo la ropa estaba por terminar de lavarse, sino que ya se le había calmado un poco el dolor del cuerpo, consecuencia obvia de la casi sobredosis de calmantes y relajantes musculares que se había tomado, así que contestó más repuesta pero igual de nerviosa por dentro.

- ¿Sí?

- ¡Abre Dani, soy yo!

- Ok, sube…

La espera frente al ascensor se le hizo eterna, pensaba en qué podía decirle a su prima, temía estar volviéndose loca. ¿De quién había sido esa sangre? Ella era licenciada en administración, no bioanalista, de hecho, no había visto tanta sangre, al menos no desde el accidente en bicicleta en el que atropelló a su mejor amiga y la derribó hacia una cerca de alambres de púas que bordeaba el parque de su urbanización. ¿Será que esta vez también había auxiliado a alguien herido y por eso se había empapado de sangre? ¿O será que esta vez también había herido a alguien y por eso se había empapado de sangre? Decidió que hasta no recordar lo que había pasado, no mencionaría aquel detalle de haber despertado ensangrentada. Total, con lo loca que estaba, eso bien podría estar relacionado con algún ritual espiritista o hasta satánico y, en el mejor de los casos pero posiblemente el más asqueroso de todos, aquella sangre podría ser de algún animal, como una gallina o un perro. Como fuera, se concentraría en el otro problema, en el de “ser una rolo de loca desmemoriada”.

- Hola Dani, déjame abrazarte prima bella… ¿Cómo te sientes?

- Hola Ale, no sé, vente que no puedo estar mucho tiempo de pie porque tengo unos mareos de loca preñada y no quiero caerme al piso de nuevo… Esto ha sido muy fuerte y no sé qué hacer…

- ¿Que estás embarazada? 


- No chixca, es un decir... ando mala...


- Ok, pero ¿Te caiste? ¿Te golpeaste?

- Sí, no sé, supongo… lo cierto es que desperté con un dolor de cabeza terrible, no soportaba los ruidos ni la luz… me bañé y tuve que acostarme en el piso porque temía que me explotara la cabeza… estoy loca prima, imagínate que no sabía ni qué día era hoy y aún no recuerdo nada de nada, no sé nada reciente…

- Tranquila prima es normal, ven y acuéstate…

- ¡Coño! ¿Cómo que normal? Estoy loca y desmemoriada… eso no es nada normal, lo que me está pasando es una súper cagada vale…

- Tranquila… dime qué es lo último que recuerdas haber hecho o haber visto…

- No sé Ale, estoy en blanco, ni siquiera te recordaba catira, sé que mi tía murió de lo del cáncer, pero no recuerdo el funeral… y esto de hoy me tiene mal…

- Ok, relájate y piensa con calma a ver  qué recuerdas, qué hiciste o qué viste… mi pelo es así desde diciembre que me volví una loca Shakira y hasta me puse estas extensiones… y del funeral de mamá, no lo puedes recordar porque no hubo, ella quería que la cremaran sin shows mediáticos ni lloraderas… vainas de mami, así que tranquila, ¿No ves que todas estamos algo locas en esta familia? Hazme caso, relájate y trata de pensar con calma y cuando puedas hablamos... Tómate esto y descansa un poco que yo no me muevo de aquí.

Daniela durmió profundamente, como si efectivamente hubiera corrido en aquel maratón en el que nunca participó, mientras que Alejandra la cuidaba, entre preocupada y triste por ver a su única prima en aquella situación. Cuando despertó estaba más tranquila aunque sólo recordaba detalles corrientes, como haber comido en tal o cual sitio o haber visto tal o cual película. No había en su mente nada relevante ni definitivo, así que su prima decidió hablarle para ayudar a aclarar los hechos y apoyarla en ese trance de recuperar sus recuerdos, al menos más recientes.

- Daniela, no te angusties, tu memoria se irá componiendo gradualmente… es común en casos como el tuyo que la mente trate de protegerte y te esconda detalles que te resulten dolorosos o muy duros de asimilar, pero eso debe ser algo temporal…

- ¡Pero me da miedo esta vaina marica! No puede ser que yo ande en el aire y perdida como una loca más… ¡Hoy amanecí triple loca y eso no puede ser!

- No te preocupes, que no estás loca y esto se te pasará… seguramente que por estar tan alejada de la familia, sientes, además del dolor natural de la pérdida, alguna culpa o resentimiento hacia ti misma por lo que pasó…

- ¿Qué pérdida? ¿De qué hablas?

- De lo de mi tío… lo de tu papá… seguro viste la noticia temprano y eso te dejó trastornada… y no es para menos…

- ¿Qué paso con mi papá?

- Ok, Daniela, escúchame con calma y trata de no alterarte, yo estoy contigo y todo estará bien…

- Sí, ¿pero qué le pasó a mi papá?

- Aún no sé todos los detalles y seguramente sea como lo que viste en las noticias esta mañana, a mi tío lo consiguieron muerto anoche dentro de la casa y parece que se trató de un robo, que él se defendió como pudo, pero los asaltantes estaban armados con cuchillos y él no logró salvarse. Una vecina le dijo a mi papá que ya arrestaron a un vigilante de la urbanización y a otro tipo, que parece que era su cómplice, supongo que tenían en la mira a mi tío Rogelio y sabían que vivía solo… lo cierto es que parece que tenían el reloj y la cadena de mi tío, además como que les encontraron sangre en los zapatos, así que seguramente se cambiaron de ropa pero no de zapatos… no se sabe todavía…

- No puede ser, esto no puede ser…

- Bueno prima, me dijo la señora Carmen, la vecina del frente, que ella escuchó a los policías decir que no habían encontrado puertas forzadas ni cerraduras violentadas, así que piensan que esos malandros debieron tener de cómplice a la muchacha que iba entre semana a limpiar y cocinar, porque parece que era la única que también tenía llave de la casa de mi tío…

- No vale… esto es demasiado…

- Yo sé que esto es terrible y que te debe haber impresionado mucho, pero tienes que ser fuerte, además no estás sola, yo te acompañaré a la morgue y me encargaré de lo que necesites con la funeraria y esas vainas. Tranquila que de todo se sale y tú despertarás un día y habrás superado toda esta pesadilla.

- No prima, de esto no podré despertar...





Temor y Realidad (Daniela I)


Finalmente rompió su comunicación de monosílabos y muecas una vez que comenzaron a comer, sin embargo no lo hizo para responder ninguna de las preguntas que él le hacía, sino que inició un relato entre evasivo y disperso sobre su visión de la vida, de la suya por supuesto, porque en toda aquella incontinencia de prosa lo que quedaba bien claro es que sólo pensaba en ella misma:

- La verdad es que no sé qué voy a hacer conmigo, me siento confundida, quisiera sentirme tranquila pero ahora no puedo, hay demasiada presión y no me gusta estar así, yo no puedo con agustias ni peleas… lo que pasó con Carlos ha sido la gota que derramó el vaso…

Él quiso interrumpirle para saber qué había pasado con Carlos y más que nada saber quién era ese Carlos, pero ella no le permitió hablar y siguió contándole.

- …Además creo que también terminé abusando de todos y por eso me ven como lo hacen… Lo del trabajo nuevo ha sido un desastre, yo sé que debí cambiarme mucho antes porque ya el día a día dentro de la misma rutina, cómoda pero asfixiante, me estaba desesperando y ya no lograba disfrutar ni los breaks con mis amigas en el café del banco. Pero es que ahora me siento tan fuera de lugar, tan en el aire… yo creo que aunque sea el mismo ramo, esto de visitar empresas no es lo mío, yo sé que me quejaba de estar siempre sentada en las mismas cuatro paredes de la oficina, pero es que es demasiado diferente todo… Casi no tengo relación con nadie, si acaso con mi jefe, al que veo con su cara de perro regañado y hambriento, exigiéndome cada mañana la planificación de la ruta y pidiéndome los reportes cada tarde sobre las visitas del día… de resto, no hay nadie que se digne siquiera a responder el saludo, al contrario, cuando me ven ya ni disimulan su envidia, es como si me odiaran, como si yo fuese a quitarles el puesto o a robarles los maridos a todas… creo que eso es lo que más resiento de haberme ido del banco, aunque allá también ahora me tienen una mala vibra, no sé si porque casi no hice preaviso, pero las veces que he hablado con Martha y con Braulio, han sido iguales, distantes y reprochadores… el viernes pasado ni me respondieron el teléfono…

- ¿No será que los agarraste ocupados? ¿Puede que sea una cuestión de oportunidad, del momento que no fue el apropiado?

- Claro que no, yo sé que están molestos conmigo, aunque no me lo digan y se esfuercen tanto en disimularlo… lo que no entiendo es el por qué de su rabia, al final yo no les hice nada malo, al menos no a ellos, si acaso mi exjefa o las chicas de Recursos Humanos, a las que puse a sufrir con lo de mi renuncia tan violenta, pero igual esas son cosas normales en las empresas, incómodas pero normales…

- ¿Entonces lo que te tiene así es el cambio de trabajo?

- ¿Así cómo? ¿Qué te pasa? No te entiendo…

- Así “confundida”, como preocupada… al menos eso me decías ayer por teléfono cuando me dijiste para vernos…

- No lo sé…

- Pero eso es lo que te ha tenido más estresada, ¿Cierto? ¿O es lo del Carlos ese?

- Supongo… Ya vuelvo, no tengo más hambre y debo ir un momento al baño…

Daniela había dejado su risotto de espárragos por la mitad, estaba claramente afectada y Rogelio no lograba entenderla del todo, le preocupaba que estuviera tan extraña y que le encontrara tantos “peros” a su nuevo trabajo, ella que siempre había sido tan resuelta y despreocupada, la más alegre y dispuesta que conociera, pero algo le pasaba porque ni siquiera le sostenía la mirada al hablarle… Volvió luego de casi diez minutos y no quiso seguir comiendo, a él también se le había quitado el hambre…

- ¿Entonces, quién es Carlos?

- ¡Era! Prefiero no saber más de él…

Aquello le había caído como una piedra en el estómago y le terminó de espantar el hambre, necesitaba saber de ese tipo, dónde lo había conocido, por qué se refería a él así, sabía que él menos que nadie podría reprocharle nada pero igual le hacía un ruido tremendo aquel hombre misterioso, quizás por la forma en que pronunciaba su nombre, no se trataba de celos, era más fuerte que eso, estaba preocupado por ella y también molesto por saberla tan distante, pues no sólo había un Carlos sino que para colmo “derramó el vaso” y decía sin tapujo alguno que prefería “no saber más de él”. Aunque quería no podía seguirle preguntando por él. Ella no habló más y se quedó absorta en su celular, revisando las actualizaciones del facebook y sin mostrar ningún interés por seguir hablándole. Ya no se percibía angustiada, de hecho no se percibía nada de ella, al menos para él volvía a ser un enigma.

- ¿No quieres hablar más? Yo creo que sería bueno que si no es conmigo, al menos conversaras con alguien más… Si no quieres contarle tus cosas a alguien conocido, podrías considerar ir a un especialista, un psicólogo, a mí me ha ido muy bien con Gioconda, tú sabes, por lo del manejo de la ira y mi tendencia a callarme todo…

- Quizás me sirva eso.

- Si quieres te doy el número de su secretaria, igual puedes verte con ella o con otro de su clínica…

- No, gracias, yo lo busco en google.

- Ok, sólo te decía por hacerte un favor, no pretendo meterme en tu vida…

- La vida… ¿Para qué es que tenemos “la vida”?

- Para vivirla… para disfrutarla, yo qué sé! Está bien que te encuentres desanimada ahorita, pero tampoco es para cuestionarte estar viva…

- Yo no cuestiono nada, no puedo… estoy muy confundida y tengo miedo de que Carlos se quiera vengar de mí.

- ¿Vengar?

- Sí, yo sé que he abusado de todos, principalmente de él, pero no ha sido con intención… Él fue quien comenzó esto, me escribía, sin saber si yo estaba sola o no, me dedicaba canciones y cuando nos veíamos siempre me agredía…

Rogelio quiso indagar más, estaba desconcertado pero no quería interrumpirla a ver si dentro de su desinterés por él, le terminaba contando lo que sentía por ese tal Carlos y qué había pasado entre ellos…

- …Me humillaba y cada vez ha sido peor. Se presentaba con su esposa y sonreía y la besaba frente a todos, luego de decirme tantas cosas y prometerme amor y lealtad, siempre se aparecía con su esposa para hacerme sentir mal… Me dedicaba canciones casi a diario, me decía las cosas más románticas y maravillosas del mundo y todo para qué, para que al verme me ignorara y me tratara como una segundona, como si yo no mereciera su amor…

- ¿Te dedicaba canciones? ¿Te llamaba? ¿Dónde lo veías?

- Carlos trabaja en el Banco, allí siempre me veía pero no se atrevía a hablarme, supongo que por trabajar en la misma empresa, porque me consta que no le importaba que yo tuviera o no una relación, como sea que esté yo, pero él no lo sabe y debió pensar como todo el mundo que yo soy muy feliz y estable en esto de relación de pareja… Lo cierto es que nunca me hablaba, porque no podía, por eso es que me mandaba canciones por el facebook y todas eran románticas o subidas de tono, porque también le encantan los videos de reggaetón y aprovechaba para decirme lo que le provocaba hacer conmigo y esas cosas…

- ¿Te escribía mensajes privados por facebook?

- No, por supuesto que no lo hacía directamente, creo que por su esposa, seguramente ella entra en su cuenta y para evitarse problemas publicaba directamente en su muro, para que pareciera que se trataba de un video que quería compartir, pero él y yo sabíamos que se trataba de un mensaje para mí, que esa era nuestra forma de comunicarnos…

- ¿Cómo es eso? ¿Él te decía que estuvieras pendiente de lo que publicaba porque la cosa era contigo? ¡Qué tonto!

- No hacía falta, yo lo sabía. Si no era así, entonces ¿Por qué se hacía el loco cada vez que me veía y por qué nunca me hablaba ni cuando estábamos solos en el ascensor o en el Café del Banco? Él siempre quiso algo conmigo y allí lo demostró, cuando comenzó a enviarme mensajes en clave con los videos que publicaba…

- No entiendo… ¿Tienes o no una relación con ese Carlos?

- Eso quisiera él, pero como yo me cansé de su jueguito y sus humillaciones le di a probar de su propia medicina y desde hace una semana he publicado como treinta canciones todas insultándolo y diciéndole lo poco hombre que es… por eso es que está tan molesto conmigo, al punto de dejar de enviarme mensajes y hasta decirle a sus amigos que se iba de viaje, claro para disimular su ausencia en facebook, pero lo que está es asustado porque yo vaya a contarle algo de lo nuestro a su esposa, sabe que yo no me calo más su agresión y sus amenazas y tiene miedo…

- ¿Entonces, él trabajaba contigo en el Banco y no en la Aseguradora?

- Claro, ¿Estás queriendo confundirme? Ya te dije que trabaja en el Banco y que en la Aseguradora no lo conocen, aunque estoy segura de que ya llegaron con el chisme, por eso es que todas me ven con ese odio y sé que hablan mal de mí mientras yo estoy en la calle visitando clientes, por eso no quise ir hoy a trabajar, estoy cansada y no tengo ánimos para soportar tantas agresiones... También sé que mi jefe quiere botarme, él quiere que yo me equivoque en algo para despedirme, no me dice nada pero yo lo sé y eso me tiene cansada... Yo no les he hecho nada, además ninguno de ellos no está en mi facebook, no entiendo por qué se sienten aludidos todos por las canciones de reproches e insultos que publiqué, no era con ellos... Pero sé que abusé, que me pasé de la raya, por eso me escriben todas esas cosas y me amenazan, así de la forma más disimulada, tipo pasivo-agresivos, pero sé que quieren hacerme daño y yo no soporto más eso… dije que me dolía la cabeza y hoy no fui a trabajar…

- Qué raro todo…

- Raro nada, tú no te hagas el tonto que sé que también estás bravo conmigo… ¿Por qué estás bravo conmigo?

- Para nada, si yo lo único que quiero es lo mejor para ti, eres lo más grande de mi vida y me preocupa verte tan perturbada… ¿Cómo voy a estar molesto contigo?

- Yo sé que sí, si fuera por ti estaría muerta.

- ¿Qué es eso?

- Ya no quiero hablar más, además yo ya te pagué todo lo que te debía por el carro y no tengo que soportar tus presiones y menos tus amenazas…

- ¿Amenazas? ¿Carro? ¿Cuál carro? ¿Tú te sientes bien?

- Tranquilo Roberto que no hace falta que disimules más… yo entiendo todo y no me voy a dejar de ti ni de nadie…

- ¡Pero hija! ¿Tú me estás hablando en serio? ¿Cómo que Roberto? Yo soy Rogelio, tu papá…

Daniela se le quedó mirándolo, dudando, Rogelio la buscaba con los ojos y no encontraba respuesta en los suyos, finalmente ella habló:

- ¿Papá? ¿Qué haces aquí? Yo me tengo que ir…

Dicho esto, se levantó bruscamente y se fue del local, muy confundida y asustada, casi corriendo. Rogelio apenas alcanzó a sacar tres billetes de cien de su cartera y salió detrás de ella, pero fue en vano, había mucha gente en el centro comercial y por más que trató de ubicarla, no pudo y allí comenzó sufrir su nueva realidad, porque no la volvió a ver ni a saber de ella desde aquella tarde.

El Galán


Comenzaba la noche del sábado y a pesar de no faltar sino horas para el día del padre, yo me encontraba trabajando en las calles del centro y sin siquiera idea o plan acerca del regalo que debía entregar a mi papá, cuando asistiera al almuerzo que le prepararía mi hermana en su casa, no sólo por el festivo natural sino porque coincidía además con su cumpleaños número setenta. Ese tema no me preocupaba y por el contrario se me hacía inmensamente intrascendente, más que nada porque para esa época estaba como curado de las emociones humanas comunes, era como si hurgar continuamente entre la miseria y contemplar tanto drama me hubiera inmunizado contra cualquier “sentimiento fácil”, como llamaba yo a aquellas alegrías por encuentros, cumpleaños, bodas, nacimientos y hasta muertes, claro que la de mi madre sí me afectó, pero era apenas natural por tratarse de ella.

La semana anterior yo acababa de cumplir treinta y siete años y no había sentido mucha emoción en esa oportunidad, ni durante toda la cena que promovieron mis amigas del canal, ni durante la esmerada y larga noche de sexo secreto que me regaló la asistente y esposa del Director de Información, pues aunque sentía el cariño y hasta la admiración de mi gente más cercana, todo se me hacía profundamente efímero y superficial. Ni siquiera sentí algún tipo de aprehensión por la cercanía de los cuarenta y mi obvia soledad. En ese tiempo yo era realmente frío e indiferente, incluso conmigo mismo y fue por eso que me sorprendió tanto descubrirme afectado, al punto de sentir un calor desde el esternón hasta la nuca y unas ganas de llorar, como seguramente sentirían las madres y algunos padres cuando veían mi programa los viernes en la noche, reflejando alguna “tragedia infantil” u otra historia “desgarradora”, que para mí seguramente cada una sería sólo una historia más, parte de mi trabajo, parte esencial pero impersonal del periodismo más amarillista posible.

Al menos así era hasta esa madrugada de domingo, porque durante la quinta entrevista de la noche, en los callejones mórbidos y en extremo sucios del centro de la capital, me encontré con un hombre y con su vida, no con un cuento sino con una vida agonizante, con una respiración entrecortada, una mirada que gritaba muy bajo un pedido de auxilio y con unas palabras que demostraban una desesperación entre calmada y resignada. Al principio, cuando nos acercamos para hablarle, el camarógrafo, la productora y yo, nos vimos uno al otro como preguntándonos con una mezcla de asco y sorpresa cómo alguien podía estar en esas condiciones. Cualquier intento para describir el hedor y la repugnancia que despedía aquel lugar se quedaría corto, pues el nivel de inmundicia era realmente intolerable. Los tres seguimos aproximándonos a pesar del invivible ambiente, más que por curiosidad y compromiso periodístico, porque teníamos una apuesta pendiente desde hacía unos meses atrás, precisamente para cuando nos encontráramos con casos como este, así si alguno de los tres desistía y se apartaba del sitio porque no aguantaba el asco, entonces el débil de estómago perdería, porque sólo disponíamos de dos viajes por toda Europa (para dos personas cada uno) que nos había regalado una mayorista de viajes patrocinadora del programa.

Una vez allí, comencé la entrevista pensando en que debía botar aquella ropa al llegar a la casa. Saludé y busqué la atención del indigente epicentro de aquella pudrición y nos encontramos con un hombre perdido, que no lograba concatenar frases coherentes y que lo mismo nos respondía el saludo, como nos advertía del peligro de no esconderse bien debido a la inminente “invasión de demonios extraterrestres con vista de rayos equis“. Aquel reportaje se estaba tornando repetitivo y soso, porque todas las “personas en estado de indigencia” que conseguimos eran compendios de historias vergonzosas y si acaso algo tristes, de gente desesperanzada víctima de adicciones y degradada por su cada vez menor capacidad de atenderse a sí misma, cuentos más o menos similares, historias recientes de diversos tipos de fracasos familiares y hasta laborales, que no pasaban de ser simples abandonos y derrotas de gente débil. Sin embargo, cuando el entrevistado pestilente notó la presencia de la cámara, abrió los ojos y parpadeó varias veces como enfocando y se incorporó malamente, sentándose sobre un escalón contiguo a su ruñida humanidad y comenzó a hablarme, como si acabara de despertarse, como si fuese otra persona, igual de destruida pero totalmente lúcida. En sus palabras se dibujaba claramente una tristeza acumulada, una vergüenza real y por sobre todo un miedo muy arraigado, se mostraba el sufrimiento de alguien que entendía lo que estaba pasando y que había vivido lo opuesto a aquella desgracia que era él mismo.

Recuerdo perfectamente que luego de disculparse por el estado en el que se encontraba, Gastón Gutiérrez Mora, como dijo llamarse, me explicó insistentemente que aquel inmenso descuido y destrucción no eran propiamente su culpa, que contrariamente, él mismo no se reconocía la mayor parte del tiempo. Creo que aún sin conocer sobre los actos que lo condujeron a esas condiciones, le creí. Luego de hablar con cada vez mayor dificultad y contarnos algunos detalles de episodios de su vida y algunos datos sobre su identidad, se me quedó mirando fijamente, inmóvil, en medio de una frase de crítica y lamento por haber sido víctima desde muy joven de una enfermedad mental que no le daba descanso y que lo mantenía aturdido, entre voces, gritos, ruidos e imágenes, según él terribles y vergonzosas, que sólo lograba apaciguar y evadir bebiendo alcohol y durmiendo. Llegué a asustarme un poco y también recuerdo haberme preparado para reaccionar y alejarme, si llegaba a atacarme, porque su expresión se tornó como neutra, su rostro estaba muy relajado y lo mismo podría interpretarse como de cansancio, molestia o hasta tristeza. Esa falta de expresión que podía asustar y confundir, era totalmente consistente con la situación, pues aunque tardamos en notarlo, “El Galán”, como nos dijo que le llamaban en el mismo canal donde nosotros trabajábamos, pero mucho antes de que hubiésemos estado aunque sea en planes de existir, había muerto. Allí, sin aviso, en plena conversación y sin recibir ningún consuelo o atención, simplemente se había quedado inmóvil y solo.

Aquella escena nos golpeó a los tres, no podría decir cuánto, pero estuvimos de acuerdo en no incluirlo en el programa, a pesar de ni siquiera comentarlo al momento de la edición. Esa entrevista se pudo convertir en el mayor impacto transmitido por nuestro programa, y en otra oportunidad creo que hubiera insistido en no obviarlo, más por mi espíritu tremendamente morboso que por el propio efecto sobre la audiencia y por ende sobre la popularidad del programa. Sin embargo, quizás como muestra de un respeto por demás novedoso en nosotros, lo dejamos solo, así como vivió, o mejor dicho, como estuvo muriendo los últimos años.
Sobre la reunión del día siguiente en casa de mi hermana, todos asistimos, supongo que cada uno con la misma emoción e interés de siempre, pero en mi caso había un rastro de nostalgia e incertidumbre que acompañaba mi desapego natural. No pude evitar comentarle a mi padre sobre el personaje que acababa de conocer y, sin dar detalles, quise indagar en su memoria, a ver si había tenido conocimiento de la existencia de ese señor, que seguramente pertenecía a su misma generación. Para mi sorpresa, no sólo lo recordaba, sino que se distendió en detalles sobre sus trabajos en nuestra, para entonces adolescente, televisión venezolana. El Galán, además de haber sido idolatrado por las jovencitas de la época, al nivel de causar numerosos desmayos histéricos a sus fanáticas durante sus presentaciones en público, había sido alguien determinante en su vida, porque, diciendo todo esto entre pausado y algo rencoroso, mi padre relató sin muchos detalles la etapa de su vida en que quiso literalmente morirse, debido a que mi madre, para entonces su prometida, lo había dejado para irse a vivir con aquel actor, que según dijo, había conocido cuando trabajó como bailarina en un show de musicales muy famoso en ese tiempo, detalle ocupacional de mi madre que todos desconocíamos hasta esa tarde. Al parecer, según contó mi padre, mi madre no soportó ni tres meses la vida desenfrenada y sin valores junto al Galán y, tras haberle descubierto algunas mentiras y “cuentos tan increíbles que ni siquiera ella era capaz de repetir”, lo abandonó e hizo lo mismo con su trabajo de bailarina. Así que luego de un tiempo volvieron a encontrarse en una fiesta de fin de año y el resto de la historia ya no se me hizo tan desconocida.

Tan perspicaz y directo como siempre, mi padre, al leer las preguntas prohibidas en mis ojos, aclaró cualquier duda diciendo: “Pero no te preocupes, que tú naciste al poco tiempo de casarnos por la falta de métodos anticonceptivos y nuestra total despreocupación ante ese tema, no porque seas hijo de ese actorcito”. ¿Hijo? Ni que lo hubiera escrito el guionista de mi programa, lo más amarillista posible estaría pasando en ese caso, yo entrevistando a mi propio padre esquizofrénico, indigente y moribundo. ¡No! ¿Demasiado novela? Demasiado real más bien y yo estaba acostumbrado a la “televisión real” no a la “vida real”, así que preferí quedarme con esa explicación de mi padre y no averiguar si aquello era realmente cierto o una simple aclaratoria inventada producto de su ego golpeado por aquella indiscreción. Como fuera, al menos yo no oía voces, por lo menos no voces ajenas y lo único que me ha retumbado insistentemente en la cabeza, incluso hoy, es la idea de terminar peor que El Galán, peor porque aunque tome cualquier tipo de previsiones por no sucumbir ante los fracasos y asegurarme un futuro cómodo y estable, el caso de ese actor fue producto de su locura, su soledad no parecía su culpa, sin embargo yo no podría decir lo mismo, ni siquiera hoy.

Mi Carta de Suicidio

Hola! Bueno la verdad es que no sé cómo empezar a escribir esto, así que trataré simplemente de decir lo que se me venga a la mente y en el orden en que se me vaya ocurriendo.

¡Hola! ¿Ni tanto sentido tiene que lo diga, cierto? ¿Hola a quién? ¿Es que acaso alguien se molesta en saludarme al pasar por mi lado? Ni mis vecinos y menos mis compañeros del trabajo. Así que ningún Hola ¡Me retracto y no saludo a nadie! ¿Además qué es eso de andar saludando? Señores (o quien lea esto): ¡La vaina es que me maté! Exacto, no encontré motivos para vivir más y me hastié de tanto pensarlo: ¡ME MATE!

Bueno, supongo que me maté! ¡Qué peo! Lo cierto es que estoy escribiendo esto antes de hacerlo, antes de matarme, así que no lo he hecho aún, pero suponiendo que esto será leído después de mi muerte, por eso digo que lo hice... Además éste no es momento de dar vueltas en esos detalles. Así que volviendo al tema: Me voy a suicidar, bueno me suicidé! ¡QUE MIERDA!!! ¿NO PUEDO NI ESCRIBIR ESTA VAINA CON COHERENCIA???? ¡Debería matarme y ya! Hacerlo de una vez y sufrir lo que resta para ya no penar más aquí.

Los motivos son todos y punto. Sin más vueltas me voy a matar y ya. ¿Qué le importa a quién qué o por qué o para qué me estoy quitando la vida? ¿No es obvio que NADIE se interesa por mí? Así que me maté porque lo decidí y es suficiente. Igual nadie sabe lo que realmente los demás quieren y si les digo que lo hice por soledad, entonces es que estaba loco... y si escribo en esta vaina que me maté porque estaba triste, entonces es que estaba loco... y así por lo que diga, por el trabajo monótono y aburrido, por los sueños de futuro que sólo sirven para frustrar el presente, por los reales que nunca alcanzarán porque cada vez son más y valen menos, porque me veo en el espejo y no me gusto, por lo que sea: ¡Igual dirán que estaba loco!

Así que no les digo motivos porque igual lo que pasa es que estoy loco. Nada de dar explicaciones porque son tantas que no son ninguna. NO TENGO MOTIVOS PARA MATARME PORQUE MI VIDA ES TAN CARENTE QUE NO CONSIGO ALGO QUE SIRVA DE MOTIVO. NADA ME MOTIVA. ¿Está claro?

Y tanto es lo que no tengo que no hallo siquiera de quién despedirme. ¿Para qué? ¿De la gente del trabajo? ¿Del vecino con su perro podrido? ¿De la conserje que huele peor que el perro del vecino? No vale... ¡Nada que ver! Esta gente lo que hará al enterarse no será para nada aquello de sentir remordimiento y decir aunque sea para adentro algo sobre lo que hubiera pasado si me hubiese prestado un poco más de atención, o si se hubiese dignado a interesarse por lo que yo sentía o quería o lo que sea... ¡Pues no! Vamos a estar claros: esa gente lo que sentirá seguramente son escalofríos por lo tan cerca que estuvieron de ese loco y no lo sospechaban... ¡QUE PELIGRO!!! ¡Qué peligro ellos! Ellos son los que restan en vez de sumar, ellos con sus códigos de perfección y sus aires de superioridad, ellos con sus ansias de dominio y ganas de triunfo... ellos son los peligrosos y no yo. Total, aquí estoy, bien muerto porque si acaso tuve valor, fue para atentar contra mi propia vida.

Y si alguien se preguntaba si en esta mente desequilibrada habían sentimientos de miedo o aunque sea incertidumbre sobre lo que pasará después conmigo mismo... pues sí, pero no lo diré. No aceptaré que siento pavor por lo desconocido, porque no tengo idea de qué pasará luego... porque no puedo más que desear que esto acabe por completo y que no haya nada más. No quiero ningún tipo de reivindicación, no quiero perdón ni mucho menos más castigo. NO QUIERO NADA. Y espero que este miedo, que esta incertidumbre que me excita y me atormenta se desvanezca con la seguridad de lograr mi objetivo.

Sólo quiero que sea verdad, que al mezclar todas estas pastillas mi cuerpo colapse y termine en coma y muera por intoxicación o algún tipo de envenenamiento. No tolero el dolor y quiero morir sin sentir nada, ¡Porque no disfruto nada y no quiero saber de nada! Así que ni el tipo de la farmacia podrá decir que hizo algo para evitarlo, porque con sólo poner cara de extrañeza no podría lograr nada para evitar que yo me tomara los dos potes completos de estas complejas vitaminas y el frasco entero de calcio concentrado y todas las pastillas que me quedaban del metal ese, del zink, zhinc,, zinc... como sea que se escriba el maldito veneno ese...

¡Y no me despido porque no le hablo a quienes no me hablan!

Gustavo Garmendia
(Igual este no es mi verdadero nombre... o pensaban que se los iba a poner fácil? Ahora que se jodan tratando de identificar mi cuerpo! jajaja)

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